Mito N.º 3: En 1983, el Congreso implementó cambios en el Seguro Social para establecer un fondo que pagaría por los "baby boomers" (los nacidos entre 1946 y 1964) cuando se jubilaran, así que no es justo cambiar los beneficios ahora. No, el Congreso no esperaba "financiar por adelantado" a los boomers, según un estudio del registro de Charles Blahous, de la Institución Hoover de Stanford University. Aumentó los impuestos y recortó algunos beneficios futuros para superar una insolvencia inminente. Las reservas del fondo fiduciario —ahora de $2.600.000 millones ($2.6 trillion)— fueron el subproducto de las decisiones tomadas. El Congreso nunca se apartó de su visión de pacto intergeneracional: las personas que trabajan pagan por aquellas que ya no trabajan o no pueden hacerlo. Por otra parte, el pacto requiere que los adultos mayores hagan ciertas concesiones para que los jóvenes lo puedan cumplir.
Mito N.º 4: Debería obtener del Seguro Social la cantidad que invirtió. No, el Seguro Social no es un programa de inversión personal (ver Mito N.º 2). Sus impuestos pagaron por la generación de jubilados anterior. Los trabajadores actuales están pagando por usted. La cantidad total de su beneficio dependerá de cuánto ganó, si recibe beneficios conyugales, cuándo se jubiló y cuántos años vivirá.
Mito N.º 5: El Seguro Social ayuda a los adultos mayores, no a la gente joven como yo. Incorrecto. Brinda apoyo para los ingresos a viudas y viudos con hijos de corta edad que resulten elegibles, como así también a huérfanos. Asimismo, les ahorra a las familias jóvenes el costo de brindarles apoyo económico a los padres mayores que, sin el Seguro Social, no contarían con dinero suficiente para llegar a fin de mes. También brinda beneficios para trabajadores con discapacidades.
Mi último punto... y no es un mito, es un hecho. Si las personas jóvenes cambiaran sus impuestos sobre la nómina a cuentas privadas, el Gobierno tendría que pedir prestados $6.500.000 millones ($6.5 trillion) o más (dependiendo de los detalles) para seguir pagándoles los beneficios a los jubilados actuales.
Eso tendría como resultado un déficit más alto, mayores impuestos sobre la nómina, más recortes en el gasto o las tres opciones. Es más sensato —y económico— reparar el programa actual y tranquilizar a todo el mundo.
Jane Bryant Quinn es experta en finanzas personales y la autora de Making the Most of Your Money NOW (Obtener el máximo de su dinero ahora). Escribe regularmente para AARP Bulletin.
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