3. Considerar los patrones de trabajo típicos de la mujer
Las mujeres que trabajan —solteras o casadas— tienden a recibir beneficios más bajos, porque les pagan menos a lo largo de su carrera, y porque son más propensas que los hombres a tomar licencias o pedir permiso en sus empleos para dedicarse a la prestación de cuidados o a la crianza de sus hijos. Una propuesta les reconocería al menos parte del tiempo dedicado a esas actividades. Asimismo, una mujer soltera recibirá un beneficio mucho menor (dependiendo de sus antecedentes salariales) que una esposa no asalariada, porque no tiene un cónyuge que gane más y que le permita acceder a un beneficio más alto. Las medidas para abordar estos problemas serían neutras desde el punto de vista del género, para que también puedan serles útiles a los hombres. No obstante, el costo de una propuesta así debería ser compensado, o podría profundizar el déficit.
4. Ajustar los beneficios
Los recortes de beneficios no son para alegrarse, pero permitirían ahorrar dinero. Podrían ser estructurados de tal manera que no perjudiquen ni a los jubilados, ni a los que están próximos a jubilarse ni a las personas de ingresos bajos. Todos los cambios deberían implementarse en forma gradual luego de un extenso período preliminar, para así poder otorgarles años para ajustar sus planes financieros a los trabajadores más jóvenes.
Aun así, reducir los beneficios de las personas de ingresos bajos podría afectar su estándar de vida en la jubilación. Por su parte, reducir los beneficios de los que más ganan podría socavar el amplio apoyo popular que tiene el Seguro Social, como un programa al que todos aportan y del que todos se benefician.
5. Fijar un beneficio mínimo
Las personas que registraron ingresos bajos durante su vida laboral —tal vez uno de cada cinco asalariados— podrían terminar recibiendo beneficios que siguen estando por debajo de la línea de pobreza. Podría fijarse un beneficio mínimo en el 125 % de la línea de pobreza, indexado según los aumentos salariales para mantenerlo en valores adecuados a lo largo del tiempo.
6. Modificar la fórmula del COLA (ajuste por aumento del costo de vida)
Los beneficios del Seguro Social generalmente aumentan para mantenerse a la par con el costo de la vida. Actualmente, este ajuste por aumento del costo de la vida, conocido como COLA, está basado en el CPI-W (Índice de precios al consumidor para trabajadores en áreas urbanas y oficinistas).
Una propuesta sugiere usar una medida diferente, el índice encadenado de precios al consumidor, que asume que el consumidor altera sus patrones de compra si un precio sube demasiado. Por ejemplo, si aumenta el precio de la carne, la gente podría volcarse al pollo. El índice encadenado de precios al consumidor aumenta, cada año, alrededor de 0,3 puntos porcentuales más lentamente que el CPI-W, lo que significa que los beneficios también aumentarían más lentamente. Aproximadamente un 6 % menos en el transcurso de 20 años. La adopción de un índice encadenado de precios al consumidor permitiría reducir el déficit alrededor de un 23 %.
Otra propuesta sustituiría una fórmula conocida como CPI-E. Esta tiene especialmente en cuenta el tipo de gasto más común entre los mayores de 62 años, como la atención médica, que sigue aumentando más rápidamente que otros gastos. Esto podría incrementar los beneficios, haciendo lo propio con el déficit, que aumentaría alrededor del 16 %.
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