Menos importantes eran nuestros libros. Teníamos cientos de ellos, por eso donamos la mayoría a la biblioteca local. Una excepción: libros escritos por amigos y autografiados por ellos. Entre esos estaba State of the Union, un libro de caricaturas por Herbert Block quien fue por muchos años el caricaturista del Washington Post — conocido en el mundo como Herblock. En la hoja de guarda escribió: “Para Stan, amigo y colega, con los mejores deseos de Herb Block”.
Luego, estaba mi colección de recuerdos políticos. Durante 15 años cubriendo las noticias políticas, reuní botones, distintivos, afiches, libros, programas de convenciones y más. Valoraba mi distintivo de periodista de la campaña de 1960 de Jack Kennedy.
Por suerte, mi hijo Larry y su esposa, Denice, se dieron cuenta de mi dolor y se ofrecieron para guardar la colección en su casa.
Algo parecido sucedió con la casa de muñecas de Sara, que mide 6 pies de largo, 3 pies de altura y casi dos pies de ancho. La casa está totalmente amoblada con miniaturas de calidad artesanal coleccionadas durante los últimos 10 años.
Felizmente, la familia nos salvó con esto también: mi hijo Alan y su esposa, Gina, se ofrecieron para mudar la casa de muñecas y su contenido a su casa, donde la están cuidando como un tesoro de familia.
Las pequeñas decisiones al achicar nuestra vivienda fueron demasiadas para contarlas. Por ejemplo, si vamos a vivir a un sitio donde nos dan la mayor parte de las comidas, ¿necesitamos en realidad 37 ollas, sartenes y moldes de torta? Muchos de ellos los donamos a instituciones de caridad.
¿Y qué hacer con las pinturas y las fotos en marcos? Varias de nuestras pinturas las había hecho mi madre. ¿Quién quiere regalar las pinturas de su madre? Yo no, con toda seguridad. Conservamos las pinturas de mi mamá y regalamos las otras.
Pero, aun ahora, sentado frente a mi escritorio en mi nuevo apartamento, me pregunto si hubiera podido ser más enérgico en mis esfuerzos por achicarnos. Estoy mirando mi taza de café, que es un recuerdo del concierto de Barbra Streisand en 1994. En mi antiguo escritorio tenía docenas de lápices y bolígrafos que nunca utilicé. Cuando me mudé, me deshice de los lápices y los bolígrafos pero me quedé con la taza.
Pienso que algún día quizás sea valiosa.
Stan Hinden, quien por mucho tiempo fue reportero y columnista del Washington Post, escribe el Buzón sobre Seguro Social para el AARP Bulletin.
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