2. Tenga a alguien que pueda darle una segunda opinión: un hijo adulto responsable, un asesor financiero o un amigo capaz que conozca desde hace años.
Suelo oír muchas historias. Por ejemplo, la planificadora Martha Ferrari, de Princeton, Nueva Jersey, tuvo una clienta cuyos hijos insistían que les transfiriera la escritura de su casa. El objetivo de ellos era acceder a Medicaid: dejarla lo bastante pobre para poder recibir ayuda del Gobierno. Luego de obtener asesoramiento profesional, ella actualizó su poder notarial de modo que sus hijos no pudieran quitarle la casa.
El planificador de Chicago, Andrew Feldman, tenía una clienta que preguntó en un banco cómo obtener el mayor interés sobre sus ahorros. El banco, por su parte, le vendió un fondo común de inversión caro que tenía acciones. Por su parte, la planificadora Cheryl Sherrard, de Charlotte, Carolina del Norte, dice que escucha con mucha atención cuando una clienta tiene una “nueva amistad” en una comunidad para jubilados que quiere aconsejarla sobre inversiones.
3. Lea la letra chica, en particular antes de comprar una anualidad con una exención por internación en un hogar de cuidado de adultos mayores. En teoría, si uno necesitara cuidados a largo plazo antes de jubilarse, podría acceder a su dinero sin penalidades. Sin embargo, eso no funcionó para una clienta del planificador Bill Houck, de Westwood, Nueva Jersey. El padre de la clienta tiene Alzheimer, y ella trató de hacer valer la exención de la anualidad que poseía su padre. La compañía de seguros rechazó su pedido. Dijo que eximía del pago de los honorarios sólo a las personas que estaban en hogares para el cuidado de adultos mayores, y su padre estaba en una “institución de vida asistida”. Una estafa absoluta.
4. Proporciónele a su asesor una segunda forma de protegerlo. Como la mayoría de los planificadores, Vivian Honeycutt, de Chesapeake, Virginia, les pide a sus clientes una “carta de discapacidad”. Esta le permite alertar a una persona designada si nota una disminución mental o un gasto fuera de lo común.
Los asesores usan este poder con moderación. “Uno de mis clientes me llamó para preguntarme si pagar un crucero para él y su novia provocaría una llamada a su hija”. Honeycutt dice, riendo: “Ambos tienen 85 años y están en pleno uso de sus facultades mentales”. Hizo el cheque, y ellos se fueron en el crucero.
Jane Bryant Quinn es experta en finanzas personales y autora de Making the Most of Your Money NOW. Escribe regularmente para AARP Bulletin.
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