In English l El 4 de noviembre del 2004, la querida trabajadora social Mary McClinton, de 69 años, madre de cuatro hijos, ingresó al Virginia Mason Medical Center en Seattle para someterse a un procedimiento de rutina, pero relativamente complejo, para tratar una aneurisma cerebral. Los médicos planeaban inyectarle un colorante de contraste para que los ayudara a guiar un estent hasta el cerebro, a través de un catéter en la pierna, con el fin de reparar la aneurisma. En lugar de eso, le inyectaron un antiséptico —un agente de limpieza tópico— que estaba almacenado en un recipiente sin identificación en la misma bandeja que el colorante. El antiséptico obstruyó el flujo de sangre en la pierna, que se hinchó alcanzando el doble de su tamaño normal. … Volver al artículo
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