Longevidad

David Murdock quiere que usted viva por siempre

En un pueblo industrial en apuros, el multimillonario está gastando una fortuna para tratar de librarse —y librar a los demás— de las enfermedades propias de la edad.

Desde 1982 hasta 1986, Murdock fue dueño de Cannon Mills, una fábrica de sábanas y toallas en el oeste de Carolina del Norte. Cuando compró la compañía, también adquirió el centro de Kannapolis, una pintoresca hilera de tiendas y restaurantes; unas 2,200 casas para alquiler; y Pity’s Sake, una hostería en expansión en las afueras del pueblo. Para entonces, poseía varias mansiones y el 98 % de la isla hawaiana de Lanai. Cuando vendió el negocio textil, se quedó con las tiendas de Kannapolis y las casas para alquiler, y también con Pity’s Sake.

Antes de que Murdock comprara la planta clausurada del pueblo, “no había ninguna esperanza”, recuerda un residente.

En el 2003, el dueño de la planta declaró que la compañía no era capaz de competir con los fabricantes extranjeros y cerró. En el despido más grande en la historia de Carolina del Norte, 4,340 residentes de Kannapolis perdieron sus empleos de la noche a la mañana. Sin industria que reemplazara la fábrica textil, el centro pronto se convirtió en un pueblo fantasma. “No había ninguna esperanza”, recuerda Ryan Dayvault, oriundo de Kannapolis, cuyo tatarabuelo era el dueño de las tierras sobre las que se construyeron las fábricas textiles.

El empresario estadounidense David Murdock se relaja en una silla de mimbre en su plantación en Lanai, Hawaii.

David Murdock en Lanai, Hawái, en 1989. — Foto: Getty Images

A menos que alguien pudiera revivir la fábrica, las inversiones de Murdock en Kannapolis perderían virtualmente todo su valor, y su posada, Pity’s Sake, naufragaría en un mar de desesperación económica. Esa posada albergaba recuerdos preciosos, no solamente de Gabriele, sino de su hijo mayor, Eugene, que había muerto accidentalmente a la edad de 23 años en una piscina, a fines de la década de 1980. Pity’s Sake había sido el lugar favorito de la familia al momento de celebrar las festividades. “Carolina del Norte era ese lugar donde podíamos celebrar el Día de Acción de Gracias y sentir que realmente era un ‘día de acción de gracias’”, recuerda Murdock.

Por ello, cuando la planta principal de la compañía en quiebra fue a remate, Murdock la quiso. Elaboró una oferta preliminar en la primavera del 2004, y empezó a trabajar para forjar los detalles. En octubre del mismo año, su segundo hijo, David Jr., murió en un accidente automovilístico a la edad de 36 años. Murdock quedó devastado, pero sus planes ya estaban en marcha, y en diciembre obtuvo la planta principal tras ofertar $6.375 millones. (Su hijo menor, Justin, 39, es director de Dole y director ejecutivo de NovaRx, compañía farmacéutica en la que entre padre e hijo han invertido por lo menos $35 millones.)

Murdock habla poco acerca de sus tragedias familiares, y solo reconoce la duración de su paralizante dolor. “Cuando mi esposa murió, no pude trabajar por un año”, comenta. “Lo mismo me sucedió al perder a mi primer hijo… e igualmente con el segundo”.

Para este magnate, la renovación de la planta fabril entrañó más que una manera de apuntalar sus intereses inmobiliarios. Durante su último duelo, se convirtió en una razón para vivir, según Lynne Scott Safrit, presidente de operaciones comerciales para Norteamérica de la compañía inmobiliaria de Murdock, Castle & Cooke. “Creo que este proyecto fue una motivación para que volviera a montar el caballo”, dice Safrit, una nativa de Kannapolis que empezó a trabajar para Murdock en la década de 1980. “Perder a su familia instaló en él la determinación de hacer algo por los demás”.

Pero qué debía hacer exactamente Murdock con esas tierras era un misterio. Durante varias trasnochadas en Pity’s Sake, él y Safrit analizaron distintas ideas. ¿Un hospital? ¿Un geriátrico? ¿Un club de campo? Nada de eso parecía adecuado. Finalmente, se preguntaron: “¿En qué se destaca Carolina del Norte?”

La respuesta fue clara: las ciencias biológicas. Con su reconocido Research Triangle Park —150 millas al este de Kannapolis— y una colección de apreciadas universidades a lo ancho del estado, Carolina del Norte es el tercer mayor centro de ciencias biológicas del país, después de Massachusetts y California. La visión de Murdock pronto encajó en su lugar. Crearía un laboratorio para investigadores de las principales universidades del estado, conectaría a esos investigadores con científicos de la industria agrícola que transformarían sus descubrimientos en productos, y brindaría atención sanitaria asequible a los lugareños. El propósito del campus: descubrir los poderes vivificantes de los vegetales y entregárselos a la gente.

Seiscientos millones de dólares más tarde, esa visión es realidad. Inaugurado en el 2008, el NCRC (North Carolina Research Campus) abarca 350 acres, con más de un millón de pies cuadrados de laboratorios y oficinas congregados en 11 edificios de estilo georgiano sobre senderos de ladrillo curvos. Más de 15 instituciones académicas, compañías y centros sanitarios mantienen su presencia allí, y lo erigen en uno de los sitios de investigación más diversos del mundo.

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