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Menopausia

¿Las hormonas bioidénticas son seguras?

Las mujeres recurren cada vez más a ellas en lugar de la terapia de reemplazo hormonal.

Nuevo estudio vincula las hormonas al cáncer de mama

A medida que los investigadores continuaban con el seguimiento de las mujeres que participaban en la WHI, las noticias empeoraban. Un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA) en octubre del 2010 reveló que cuando las mujeres que tomaban Prempro desarrollaban cáncer de mama, era probable que el cáncer fuera excepcionalmente agresivo. En conjunto, las mujeres que ingerían las hormonas tenían cerca del doble de probabilidades que las demás mujeres de morir de cáncer de mama dentro de los ocho años. “La mayoría de las muertes ocurrieron más de cinco años después de iniciado el tratamiento hormonal”, afirma el investigador en jefe, Dr. Rowan Chlebowski, M.D., médico oncólogo del Los Angeles Biomedical Research Institute (Instituto de Investigación Biomédica de Los Ángeles), del Harbor-UCLA Medical Center (Centro Médico Harbor-UCLA). “Podríamos ser testigos de muchas más de estas muertes con el transcurso del tiempo”.

Consejo de los médicos

Si bien estos resultados son alarmantes, no deberían modificar el enfoque actual en favor de la terapia hormonal, opina la Dra. JoAnn Manson, M.D., coautora del estudio, profesora de Medicina en Harvard Medical School (la Facultad de Medicina de Harvard) y jefa de Medicina Preventiva en el Brigham and Women's Hospital de Boston. Manson es, además, presidente electa de la North American Menopause Society.

“He estado recibiendo muchos mensajes por correo electrónico de pacientes que se preguntaban cómo este estudio se aplicaba a ellas”, afirma. Como antes, dice, las mujeres deberían seguir una terapia de combinación de hormonas solamente si tienen síntomas de menopausia moderados a severos, e ingerir las dosis más bajas durante el menor período de tiempo posible. Tranquiliza a las mujeres que toman estrógeno solo —tratamiento habitual para mujeres que se han sometido a histerectomías— al afirmar que el estrógeno solo no parece potenciar el cáncer de mama.

Cuando las pacientes preguntan por las hormonas bioidénticas, Manson les explica que ese es un territorio inexplorado. Si bien existe alguna primera evidencia de que la progesterona micronizada Prometrium —hormona bioidéntica— puede presentar menos posibilidades que Provera de causar cáncer de mama, Manson afirma que sigue “trabajando sobre la hipótesis de que las hormonas bioidénticas son igual de peligrosas hasta que se pruebe lo contrario. Y, sencillamente, no hay pruebas”.

Quienes promueven las hormonas compuestas a menudo aducen que sus tratamientos no conllevan ninguno de los riesgos de Premarin y Provera. El Dr. John Woodward, M.D., médico certificado en ginecólogía y obstetricia que ejerce en Dallas, ha estado dando a sus pacientes hormonas compuestas —en la mayoría de los casos, gránulos de estradiol de inyección subcutánea— desde principios de los años setenta. En su sitio web, Woodward apunta a pruebas no publicadas de los años noventa, de la respetada Clínica Cooper de Dallas, según los cuales sus pacientes tendían a tener huesos más fuertes y arterias más limpias que otras mujeres de la misma edad.

Woodward afirma que sus pacientes “simplemente, se sienten mejor” cuando se tratan con hormonas bioidénticas. Una de sus pacientes, Connie Hibbs, una artista de 67 años que vive en Dallas, ha estado implantándose los gránulos de estradiol de Woodward durante más de 30 años. “No siento ninguna diferencia respecto de cuando tenía 35 años”, explica con una  risa jovial. Empezó a ingerir hormonas a los treinta y pico porque estaba preocupada por sus huesos. “Por el lado de mi madre, todos padecían osteoporosis”, explica. “Ahora, mis gammagrafías óseas son perfectas”.

Pero incluso Woodward observa un punto débil en la industria bioidéntica. “Muchas personas no saben lo que están haciendo”, afirma. Por ejemplo, dice, muchos de quienes las prescriben basan sus dosis sobre análisis de saliva que, supuestamente, miden los niveles hormonales de sus pacientes. Pero según su opinión —y la opinión de grupos tales como la Endocrine Society— tales análisis no son confiables y resultan potencialmente engañosos. Además, observa que muchos de los que recetan son “naturópatas” o autodescritos especialistas antienvejecimiento, y no endocrinólogos ni ginecólogos obstetras certificados.

Negocio riesgoso

Las incógnitas en torno a las hormonas bioidénticas compuestas las tornan potencialmente más riesgosas que los tratamientos estándares, afirma Stuenkel. “Por lo menos, uno sabe lo que contienen las hormonas aprobadas por la FDA”, dice. “Deben seguir estándares de elaboración”. Debido a que las hormonas compuestas se elaboran en el momento, existe mucho espacio para error, agrega Santero. “La dosificación no es tan predecible entre una persona y otra”, comenta. Santero advierte que incluso si una mujer se siente maravillosamente bien con su tratamiento, puede estar ingiriendo más hormonas de las que realmente necesita. Y eso es un problema, explica, porque demasiado estrógeno puede terminar en cáncer de útero. Por el contrario, si una mujer ingiere menos hormonas de las que necesita, puede estar perdiendo masa ósea o malogrando el alivio que las hormonas pueden generar.

El año pasado, Piera Graven, de 58 años, gerente de operaciones en una clínica médica de la ciudad de Nueva York, se trató con hormonas bioidénticas compuestas para aliviar sus sofocos. “Pensé que sería mejor probar algo natural”, explica. Pero el tratamiento no funcionó, por lo que recurrió a Santoro, que todavía estaba en Nueva York en ese momento. Una combinación de Prometrium (versión recetada de progesterona) y del parche de estrógeno Vivelle Dot lo logró. “Todavía me sofoco, pero no es en nada comparable con lo que solía ser”, dice.

Santoro dice que los resultados del estudio de la WHI obligaron a los médicos de todos lados a dar un paso atrás y a reconsiderar su enfoque respecto de las hormonas. Ella intenta encontrar las dosis más bajas que traerán alivio, y acepta todo el ensayo y error necesario para hallar el enfoque adecuado para cada paciente. No hay un término en boga para su enfoque, pero sostiene que a sus pacientes no parece importarles.

Chris Woolston es escritor independiente especializado en temas de salud. Sus trabajos han sido publicados en Los Angeles Times Reader's Digest.

 

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