De vez en cuando, debido a las interacciones entre los fármacos, afecciones tales como los problemas del hígado o los riñones, alergias o enfermedades muy complejas —por ejemplo tras el trasplante de un órgano— no existe un medicamento que se pueda sustituir que le funcione a un paciente en particular. Pero esos casos no son comunes y aún así los médicos algunas veces logran encontrar soluciones o por lo menos mejorías.
Según Cheskin, los médicos pueden, por ejemplo, cambiar la dosis o hasta la hora en la cual se debe tomar el medicamento para disminuir el riesgo de aumentar de peso. Otra estrategia es combinar los medicamentos —recetarle al paciente un fármaco imprescindible pero en una dosis menor y aumentar la dosis de otro medicamento— para lograr una mezcla personalizada de medicinas que trate la enfermedad subyacente sin causar problemas con el peso.
Según Lien, los pacientes que corren riesgo de subir de peso, o aquellos que comienzan a engordar tan pronto empiezan a tomar un medicamento, también se les puede ayudar con una dieta supervisada y un programa de ejercicio.
Los doctores afirman que los pacientes deben hablar con ellos acerca de sus medicamentos y su peso, y no deben suponer que el médico está consciente de todos los efectos secundarios de todas las medicinas. Si a usted le preocupa subir de peso, pídale al doctor que revise sus medicinas.
Joanne Kenen, escritora radicada en Washington, escribe sobre temas de salud y políticas relacionadas con la salud.
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