Estudios cruciales
Pero el 2010 ha sido un año en el que los informes oficiales y artículos en publicaciones de Medicina se han hecho escuchar, lo que ha generado más dudas acerca del medicamento y criticado a sus defensores.
A fines de julio, el doctor Nissen publicó un segundo análisis combinado donde examinó los resultados de 56 ensayos y, nuevamente, demostró que los usuarios de Avandia enfrentaban mayor riesgo de infartos. En la misma semana, el doctor David J. Graham, científico de la FDA, publicó una reseña de historiales médicos provenientes de 227.571 afiliados a Medicare que tomaron Avandia o Actos entre julio del 2006 y junio del 2009.
Su análisis demostró una mayor incidencia de derrames cerebrales, insuficiencia cardíaca y muerte entre los pacientes tratados con Avandia.
Sin embargo, un par de investigaciones publicadas recientemente parecieran dar tranquilidad sobre estos resultados. Una se trata de un análisis, realizado a posteriori, de los resultados de un estudio, que fue presentado el mes pasado en la reunión anual de la American Diabetes Association (Asociación Estadounidense de Diabetes), el que en realidad halló una menor incidencia de ataques cardíacos y derrames cerebrales en pacientes bajo tratamiento con Avandia. No obstante, el estudio original fue diseñado para observar una serie de asuntos diferentes.
Los resultados finales de los ensayos clínicos de la compañía farmacéutica, conocidos como el ensayo RECORD (Rosiglitazone Evaluated for Cardiac Outcomes and Regulation of Glycemia in Diabetes), se publicaron el año pasado. Aunque confirmaba un incremento en la insuficiencia cardíaca con el medicamento, demostró que no se elevó el número de enfermedades cardiovasculares o muertes.
“La totalidad de la evidencia, proveniente del ensayo RECORD y de otros estudios a largo plazo, demuestra que el riesgo general de consecuencias perjudiciales no aumenta”, enfatizó la compañía fabricante en un informe a la FDA, antes de la reunión del panel.
Teóricamente, un ensayo clínico —en el cual los pacientes se incorporan al azar para un seguimiento en un tratamiento o grupo de comparación— puede ser mucho más definitorio que un análisis combinado o estudios que indagan en bases de datos de historiales de pacientes. Pero es debido a cómo diseñó y condujo su ensayo que Glaxo ha recibido las críticas más irrefutables.
Como preparación para la reunión de esta semana del panel asesor, para decidir el futuro de Avandia, la FDA llevó a cabo una rigurosa revisión inusual de los datos sin procesar del ensayo RECORD. El revisor, el médico Thomas A. Marciniak, científico de la FDA, remitió un crítico informe al comité. Su preocupación principal fue que los investigadores y determinados empleados de Glaxo conocían cuáles pacientes del ensayo eran los tratados con Avandia y cuáles no, y, ya sea intencionalmente o por tendencias inconscientes, podrían haber descalificado o descartado casos desfavorables para el medicamento. Con sólo 15 infartos más entre los usuarios de Avandia, habría cambiado el resultado de manera de indicar un incremento estadísticamente significativo en el riesgo.
“Contamos 25 pacientes con un potencial ataque al corazón (MI), y dudoso tratamiento en favor de la rosiglitazona”, expresó el informe de Merciniak.
La semana pasada, el New England Journal of Medicine publicó una editorial manifestando que el patrocinador comercial del ensayo RECORD “intervino” entre los datos del estudio y la junta controladora de seguridad (el grupo encargado de cuidar la seguridad de los pacientes), a fin de obtener anticipadamente hallazgos provisorios. Esas “manipulaciones”, se atrevieron a decir los editorialistas, hacen dudar de “la integridad del proceso de ensayo clínico completo”. Los directores de la publicación reclamaron un nuevo enfoque en el que los comités de verificación de la seguridad no sean nombrados por el patrocinador del ensayo, sea público o privado, sino por un cuerpo público independiente.
El Senador Chuck Grassley (Republicano por Iowa), un antiguo crítico de la industria farmacéutica, ha sugerido modificaciones similares —principalmente en la creación de un cuerpo independiente para controlar la seguridad de los medicamentos— en la FDA, la que ha estado recibiendo críticas por todos lados en el debate por Avandia, y cuyos agentes han estado claramente divididos en la cuestión.
Los empleados de la FDA que estudian los efectos secundarios de los medicamentos, una vez iniciada su comercialización y que hayan sido usados por el público en general, “deberían poder expresar su opinión por escrito y con libertad, sin temor a represalias”, expresó el senador frente a una subcomisión de la Cámara de Representantes en abril. “En cambio, en algunas oportunidades, estos médicos y científicos de la FDA asignados al control de fármacos han sido silenciados. Y en el caso de Avandia, parece que han sido ignorados”.
Pero esta semana, las opiniones de los críticos de Avandia, tanto pertenecientes como ajenos a la FDA, se han publicado ampliamente y han recibido una gran cantidad de atención.
Antes de que los asesores de la FDA se reunieran esta semana, el médico David Juurlink, especialista en la epidemiología de los efectos de los medicamentos, de la Universidad de Toronto, predijo que cualquiera sea la decisión del panel, la FDA tendrá que contestar difíciles preguntas. Según él, s la FDA no saca el medicamento del mercado, generará dudas sobre su capacidad para proteger al público de riesgos inaceptables. Y “si deciden quitarlo, la pregunta que tendrán que responder al público es: ¿Por qué les tomó tanto tiempo?”.
Katharine Greider, quien vive en Nueva York, escribe sobre salud y medicina.
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