“Le devolví la vida”
Tan pronto como llega al lugar, busca a un residente de 73 años que ha vivido en el hogar por cinco años. El hombre, que padece mal de Parkinson avanzado, se alegra instantáneamente.
Cuando Neel estudió su historia clínica por primera vez, el hombre estaba tomando 20 miligramos de Zyprexa —un antipsicótico—, una dosis diaria que, se mire por donde se mire, es sobrecarga terapéutica; ahora toma 2,5 miligramos diarios, y, según Neel, pronto podría dejar el medicamento por completo.
Todos los síntomas que presentaba el hombre —los gritos ininterrumpidos, protrusión lingual, movimiento de fricción (un temblor característico del Parkinson, que se manifiesta en un movimiento continuo de adelante hacia atrás del pulgar y los dedos de las manos) — han desaparecido, y, ahora, algunas veces viene y se sienta tranquilamente cerca de Neel, mientras él trabaja.
El médico que supervisaba el tratamiento de este hombre les había dicho a Neel y a las enfermeras que nunca volvería a caminar. Sin embargo, ahora camina… y camina… y camina. Visita a otros residentes en sus habitaciones y le gusta sentarse cerca del puesto central de enfermería, el centro de toda la actividad. “Le devolví la vida”, dice Neel con total naturalidad.
Neel revisa unas pocas historias clínicas más, generando más pequeñas papeletas rosadas con sugerencias, cada una numerada secuencialmente, mientras avanza.
En otro hogar, a cuyo director médico Neel conoce desde hace más de 30 años, es claro el éxito del enfoque colaborador.
“Si sugiero por escrito pintar la nariz de azul”, bromea Neel, “cuando vuelvo la próxima vez, el paciente tiene la nariz azul”.
En este hogar, el costo de los medicamentos por paciente ha bajado hasta cerca de $14 diarios, el más bajo de Georgia.
A continuación: Consulte al farmacéutico. >>
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