In English | “Padecía insuficiencia cardíaca. Me estaba muriendo. Así de simple”, recuerda Bill Sowden, de 80 años. “Me dijeron que me quedaban entre cuatro y seis semanas de vida. Empecé a poner mis asuntos en orden. Hasta elegí la música para mi funeral”.

Bill y Diane Sowden tienen un motivo para cantar después de que el implante de la bomba cardíaca le salvó la vida a Bill. — Fotografía por Jenn Ackerman
Ya transcurrieron más de cinco años. Hace poco, un lunes, Sowden estuvo ensayando tres horas con Alive & Kickin', uno de los cuatro grupos vocales en los que canta. Cuando no se está preparando para una interpretación musical o saliendo a cenar con Diane, su esposa, está diseñando un sitio web para la pequeña empresa de distribución que fundó.
Sowden hoy está “vivito y coleando” gracias a una bomba en miniatura denominada Left Ventricle Assist Device (LVAD, dispositivo de asistencia del ventrículo izquierdo en inglés), implantado justo por debajo de su corazón.
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Este dispositivo toma sangre de la cámara inferior del corazón y la bombea hacia la aorta, desde donde es impulsada a todo el organismo. Un cable flexible que sale de su abdomen conecta la bomba con un controlador y un paquete de baterías que transporta en una funda sobre el hombro. La bomba de Sowden es la misma que exhibió el vicepresidente Dick Cheney en la reciente gira que emprendió para promocionar su libro.
Hasta la fecha, el HeartMate II ha sido implantado en más de 8.000 pacientes cardíacos, según datos aportados por Thoratec, la compañía con base en California que fabrica este dispositivo. La bomba de tecnología avanzada cuesta $80.000. Los costos quirúrgicos y médicos asociados con su implante y el seguimiento de los pacientes elevan aún más esta cifra. Cabe advertir que tanto Medicare como los aseguradores privados brindan cobertura a aquellos pacientes que son candidatos para el implante.
El dispositivo es una nueva esperanza para las personas con insuficiencia cardíaca, una enfermedad que se produce cuando el corazón pierde la fuerza para bombear la sangre en forma normal. Más de cinco millones de estadounidenses sufren de insuficiencia cardíaca. A veces denominada insuficiencia cardíaca congestiva, esta es una enfermedad progresiva que priva a los órganos de la sangre oxigenada que necesitan para funcionar. “Llegó un punto en el que no podía dar más que unos pasos sin que me quedara sin aliento”, dice Sowden. “No podía subir las escaleras. Apenas podía levantar los brazos”.
La bomba que mantiene a Sowden con vida es la última de una serie de dispositivos diseñados para reemplazar el mal funcionamiento de un corazón debilitado. La tarea no ha sido para nada fácil. “Las primeras bombas eran demasiado grandes para ser implantadas en pacientes de pequeña contextura, incluidas muchas mujeres, y no duraban mucho tiempo, ya que se desgastaban en unos dos años”, dice el Dr. Andrew Boyle, director médico de los Programas de Insuficiencia Cardíaca, Trasplante Cardíaco y Apoyo Circulatorio Mecánico del Aurora St. Luke's Medical Center, de Milwaukee.
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