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Luchar contra el cáncer pese a todos los pronósticos

Edie Sundby continúa con fe y una actitud positiva.

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Las noticias se difundieron rápidamente entre los amigos de Edie. A las pocas horas, un miembro de 94 años de la congregación de la comunidad de St. James llamaba a la puerta de su casa. “Edie”, expresó suplicante, “Tienes que pelear. ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!” Edie comenzó a leer de todo —desde la Biblia hasta The Art of Living (El Manual de Vida) de Epicteto— y a coleccionar citas inspiradoras como las de Gilda Radner y Randy Pausch, autor de The Last Lecture (La última clase).

Edie en la iglesia junto a su pastor unas semanas antes de su cirugía - La lucha contra el cáncer

Edie con su pastor en la iglesia de St. James, en La Jolla. — Foto: Brad Swonetz

Edie llegó a la rápida conclusión de que, dado que el cáncer es la más común de las enfermedades, no tiene ningún sentido preguntarse por qué le tocó. “Era más realista preguntar: ‘¿Por qué no a mí?’ ”, explica. Un paso más adelante en esa misma línea de pensamiento, ella consideró el pronóstico “terminal” que le habían dado y concluyó: “Sí, el cáncer metastásico avanzado de estadio IV es sinónimo de muerte ‘estadísticamente cierta’. Sin embargo, ¿es eso siempre así?” Tras una pausa, responde con firmeza: “No”.

No bien Dale llegó a la casa, se sumergieron en una búsqueda en internet. “Supe que la diferencia entre la vida y la muerte era encontrar a un médico que no creyera totalmente en las estadísticas y que estuviese dispuesto a tratar al paciente por fuera del protocolo cuando se justificara”, dice.

Unos días después, fue sin cita programada al consultorio del Dr. George A. Fisher, el gastroenterólogo oncólogo que atendió a Steve Jobs, en el Stanford Cancer Institute. Él revisó la historia clínica de Edie y, poniendo su brazo sobre sus hombros, le dijo: “No puedo curarla, pero sí tratarla”. Fisher comenzó, de inmediato, a suministrarle a Edie una agresiva combinación de medicamentos quimioterápicos, un régimen que él indicaba fuera de la prescripción autorizada, a fin de permitirle beneficiarse con las nuevas medicinas desarrolladas para tratar otros cánceres más comunes que su poco frecuente adenocarcinoma de vesícula biliar. Doce semanas y cuatro infusiones de quimioterapia más tarde, los análisis revelaron que el 80 % del cáncer había desaparecido. Fisher consideró que estos resultados eran “sorprendentes”, pero le advirtió: “Un 20 % del cáncer aún está allí y podría causarle la muerte bastante rápido. Su hígado parece la Vía Láctea”.

Edie haciendo yoga un par de semanas antes de la cirugía  - La lucha contra el cáncer

Edie adapta las posturas de yoga basándose en los puntos fuertes de su cuerpo. — Foto: Brad Swonetz

Edie y Dale persisten. “Seguimos haciendo preguntas, si no logramos obtener las respuestas que queremos”, comenta Dale.

Varios médicos a quienes consultaron consideraron que su cáncer era inoperable. Sin embargo, Edie, quien junto con expertos en la materia, cree que “toda la esperanza reside en cortar todas las vías para que el cáncer se desarrolle”, no daría marcha atrás. Finalmente, considerando los increíbles resultados logrados con la quimioterapia, el Dr. Jeffrey Norton, jefe de cirugía oncológica de Stanford, acordó intentar extirpar quirúrgicamente lo que quedaba del cáncer. “En ese momento, supe que tenía una posibilidad”, dijo Edie.

En julio del 2007, Norton le realizó a Edie una incisión de 14 pulgadas desde la mama hasta el hueso pélvico y extirpó su vesícula biliar, una parte sustancial de su hígado y varios ganglios linfáticos.

En su libro It's Not About the Bike (No se trata de la bicicleta), Lance Armstrong escribió: “Si te puedes mover, no estás enfermo”, y esta frase se convirtió en el mantra de Edie. De modo tal que, no habiendo pasado aún diez horas desde su exitosa cirugía, se obligó a sí misma a ponerse de pie y a caminar. Tan pronto como lo consiguió, retomó su costumbre de caminar por los cañones en Torrey Pines y la práctica del yoga, para lo cual debió adaptar las posturas para lidiar con sus molestias y dolores.

Durante casi cuatro años más —mientras estuvo, técnicamente, en remisión— Edie continuó recibiendo quimioterapia (en total, setenta y nueve tratamientos, 836.000 miligramos de sustancias químicas bombeadas dentro de su cuerpo). Ella pudo hacerlo, en parte, gracias a su seguro, una póliza médica para casos de enfermedades catastróficas que cubrió el 80 % del costo del tratamiento. (Al ser trabajadores autónomos, ella y Dale optaron por este tipo de plan que, por lo general, es más económico que un plan con cobertura total de salud). Incluso así, ese 20 % de copagos directos restantes, a su cargo, representaron decenas de miles de dólares. Más aún, a la larga, Dale decidió abandonar el proyecto en Ucrania, sabiendo que no podría comprometerse con la actividad, mientras ayudaba a Edie en su lucha. Los resultados desde el punto de vista financiero fueron “traumáticos”, explica Dale. “Pero, como familia, estamos dispuestos a seguir con esto hasta el final, a gastar lo que sea necesario. De eso se tratan los votos realizados y los compromisos asumidos”.

Cada ocasión en la que Edie sufría un retroceso, se embarcaba en lo que ella definió como “una búsqueda espiritual”. Durante el verano del 2009, debilitada por la quimio, ella y Dale viajaron en una casa rodante a lo largo de los parques nacionales del oeste. “La naturaleza salvaje me ayuda a olvidarme de todo”, explica Edie. “Allí, no pienso en el cáncer, me siento saludable”. En otras dos oportunidades, se embarcaron en un viaje de campamento, la última vez en el 2011, cuando el cáncer regresó.

Los cuatro tumores que indicaban que la enfermedad de Edie estaba activa nuevamente fueron detectados en sus pulmones durante una tomografía computarizada de rutina, en marzo del 2011. Luego, una masa apareció en su hígado. “No es gran cosa”, le dijo Fisher a Edie. “Nos introduciremos allí y removeremos los tumores del pulmón. Luego, nos volveremos hacia el cáncer del hígado y le daremos una tunda”.

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