Muchos hospitales han implementado programas de “control” para eliminar el consumo inadecuado de antibióticos y reducir las bacterias resistentes a los medicamentos en los hospitales. Estudios realizados demuestran que los programas bien conducidos pueden tener un efecto real.
Los animales también toman antibióticos
La medicina humana no es la única área donde los antibióticos se administran en exceso. Muchas vacas, cerdos y aves reciben antibióticos, no solamente para tratar enfermedades, sino también para prevenir la difusión de enfermedades cuando se mantienen grandes poblaciones en espacios confinados, y, lo que es aún más controvertido, para promover un crecimiento más rápido. A menudo, estos medicamentos son los mismos o muy similares a los que se emplean para tratar a las personas.
“No es la gente ni los animales los que se tornan resistentes a los medicamentos”, afirma Gail Hansen, veterinario y funcionario principal de la Pew Campaign on Human Health and Industrial Farming (Campaña de Pew para la Salud Humana y la Agricultura Industrial), “sino las bacterias. Y compartimos las bacterias”.
Una manera de compartir las bacterias resistentes es cuando se come carne contaminada. El año pasado, 136 personas de 34 estados se enfermaron y una persona murió después de comer carne molida de pavo, que portaba una cepa de salmonella resistente a múltiples antibióticos. Incluso, las propias granjas pueden propagar las bacterias. La mayoría de las bacterias terminan fuera del animal, como “estiércol”, explica Hansen. “¿Adónde va ese estiércol? Va al agua y va al suelo. El suelo se seca y el estiércol se pulveriza. Y todos nos hallamos en el ciclo de alguien más. Hay que tener en cuenta también el contacto persona-animal, por lo que los granjeros y los peones y sus familias pueden quedar expuestos. Todo sucede bastante rápido”.
No está claro cuánto contribuye la agricultura a la resistencia a los antibióticos. Pero hace poco, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) emitió nuevas pautas que requieren detener los “usos productivos” de los antibióticos en animales destinados a la producción de alimentos —para mejorar el crecimiento, por ejemplo—. Cada vez más, los expertos en resistencia a los antibióticos consideran esto como un problema multifacético, global y creciente.
“La resistencia se produce y amplifica mediante el uso indebido de los antibióticos”, afirma Levy. “Se pierden vidas. Y la solución es… sacar los antibióticos del entorno lo más que se pueda”.
Katharine Greider es escritora independiente que reside en Nueva York y escribe sobre ciencia y salud.
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