Superbacterias

Cómo combatir las bacterias resistentes a los medicamentos

Nos atacan en nuestros hogares y en los hospitales.

Los antibióticos constituyen una cura, pero también una causa

¿Cómo fue que los seres humanos dejamos que las bacterias se fortalecieran? Al saturar nuestro entorno con antibióticos, los mismos medicamentos milagrosos que creamos para combatir las infecciones bacteriales. Cada año se venden unos 7 millones de libras en antibióticos para uso humano, en tanto se venden 29 millones de libras para su uso en animales, en su mayor parte destinados a la producción de alimentos. Esto, según numerosos expertos, representa un brutal exceso en el consumo de los medicamentos, y no hace más que tornar menos probable que funcionen cuando más los necesitemos.

Las bacterias existen en cantidades abundantes, se reproducen con rapidez y pueden pasar rasgos genéticos —incluida la resistencia a los antibióticos— no solamente a las generaciones que las suceden, sino también a otras bacterias de su entorno. Cuantas más bacterias se topen con un antibiótico, más fácilmente podrán engendrar versiones más resistentes de sí mismas, capaces de prevalecer sobre el medicamento.

Consumo de antibióticos en EE. UU.

Los humanos y los animales consumen toneladas de antibióticos.

Personas: 7 millones de libras por año.

Animales: 29 millones de libras por año

La prescripción de fármacos inadecuados para tratar toses y resfríos representa “el área más problemática”, afirma el Dr. Ralph Gonzales, quien investiga el consumo de antibióticos, en la University of California, San Francisco. “Entre el 60 % y el 70 % de los antibióticos que se prescriben a pacientes ambulatorios, se indican para el tratamiento de infecciones respiratorias”, comenta. “En el mejor de los casos, apenas una de cada cinco de estas infecciones requiere antibióticos”. La gran mayoría de ellas las generan los virus, no las bacterias, y los antibióticos no tienen efecto alguno sobre los virus. Algunos pacientes pretenden tomar un antibiótico incluso cuando las probabilidades de que vayan a ser efectivos sea mínima, y, según estudios, los médicos suelen acceder a este capricho. Entonces, en lugar de completar el ciclo de antibióticos tal como les fue indicado, algunos pacientes guardan píldoras para usarlas después o para compartirlas. Esto puede dar lugar a que los gérmenes persistan, desarrollen resistencia y resurjan con más fuerza.

“No debe tomar antibióticos sin el consejo de un médico”, sostiene el Dr. Stuart Levy, director del Center for Adaptation Genetics and Drug Resistance (Centro de Adaptación Genética y Resistencia a los Medicamentos) de Tufts University. “No los guarde ni ande suplicando por ellos. No hay que tomar antibióticos para un resfrío común”.

Tomar antibióticos —sean necesarios o no— afecta al individuo y, potencialmente, a otros en la comunidad: modifica la diversidad de microorganismos que viven en los intestinos o en la piel, mata las bacterias sensibles y les ofrece a los gérmenes resistentes a los medicamentos una oportunidad para tomar el control.

Por ejemplo, las investigaciones sugieren que el consumo de antibióticos normalmente recetados aumenta el riesgo de albergar o infectarse con el MRSA. El tratamiento reciente o actual con antibióticos es el mayor factor de riesgo frente a la infección causada por la bacteria resistente a los medicamentos clostridium difficile —C. diff—, que se encuentra mayormente en instalaciones sanitarias y que puede causar diarrea severa. Estimados conservadores vinculan esta bacteria a, por lo menos, 14.000 muertes por año, en Estados Unidos.

Como cualquier bacteria, las bacterias resistentes también pueden transmitirse a quienes viven en el mismo hogar y a otras personas fuera de él. Un estudio realizado reveló que los familiares de una persona que toma antibióticos contra el acné presentaban mayores probabilidades de que su piel albergara gérmenes de acné resistentes a los medicamentos.

Los CDC estiman que en los hospitales, casi la mitad de las recetas de antibióticos resultan inadecuadas. “Hay veces en que se dan antibióticos cuando no son necesarios; a modo de ejemplo, en ocasiones, los pacientes ingresan en el hospital con un diagnóstico de neumonía y se inicia un tratamiento con antibióticos, pero resulta que padecen una falla cardíaca”, explica el Dr. Arjun Srinivasan, director médico del programa educativo sobre consumo de antibióticos Get Smart for Healthcare, de los CDC.

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