3. Prepare sus músculos para la cirugía
Rita Redding, una enfermera de 58 años que se sometió a un reemplazo de cadera el año pasado, luego de desarrollar una necrosis avascular —enfermedad producida por la falta de irrigación sanguínea a la articulación—, se arrepiente no haberse preparado más para la cirugía. Si pudiera volver a hacerlo, asegura, empezaría por ver a un terapeuta físico—con bastante tiempo antes de la operación— que me recomendara ejercicios para fortalecer los músculos de los muslos y piernas.
Otro buen motivo para una preparación adecuada: un terapeuta físico que entiende su capacidad funcional antes de la cirugía está mejor preparado para ayudarlo a recuperarse luego de la intervención, sostiene James Dunleavy, director administrativo de servicios de rehabilitación del Trinitas Regional Medical Center, de Elizabeth, Nueva Jersey.
4. Baje de peso para obtener mejores resultados
Una prótesis de cadera está diseñada para soportar un peso normal del cuerpo, señala Mark Petty, M.D., del Orthopedic Institute de Gainesville, Florida. Por eso se preocupa cuando una persona con sobrepeso entra a su consultorio. Lo ideal es contar con un índice de masa corporal (IMC) de 25 o menos. (En una mujer de 5 pies 4 pulgadas —1,63 m— debería ser145 libras o menos). Si el IMC es superior a 30, muchos ortopedas pondrán como condición que el paciente baje de peso para realizar el implante.
¿Y con un IMC por encima de 40? “De ninguna manera”, dice Petty, y añade que si un paciente pesa demasiado, lo instaría a adelgazar antes de la cirugía.
5. Haga la rehabilitación y la terapia física
Por lo general, luego de un implante de cadera, el paciente necesitará dos o tres días de internación en un hospital, dos o tres semanas en un centro de rehabilitación (que por lo general cubren los seguros médicos) y dos o tres meses de atención ambulatoria.
Dunleavy clasifica a sus pacientes en dos categorías distintas en la fase ambulatoria: los entusiastas y los pasivos. Los entusiastas necesitan hacer solamente dos, tal vez tres, visitas semanales al terapeuta físico, porque en su casa siguen religiosamente la rutina de ejercicios que se les ordenó (normalmente consiste en sesiones de 15 a 20 minutos, tres veces por día). Los pasivos hacen poco o nada en su casa, por lo que necesitan ver al terapeuta físico casi todos los días.
Según concluyen algunos estudios, los pacientes continúan sacando provecho de la terapia física que se enfoca en mejorar la capacidad de caminar después de los tres primeros meses de terapia. Es un período que requiere el máximo compromiso, dice Dunleavy.
Redding retornó al trabajo tres meses después de su operación. Dice que ya camina sin cojear y casi no siente dolor. “He recuperado completamente la función”, dice.
Washington estaba en el campo de golf a los dos meses, jugando 18 hoyos cuatro meses después de su cirugía. “Hice todo lo que me dijeron que hiciera e incluso más; hasta adelgacé antes y después de la operación”, 30 libras en total, dice. “Quería una oportunidad para volver a hacer lo que hacía antes de que comenzara el dolor, y la tuve”.
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