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Estrategias para vencerlo

Estrés: Sepa por qué se enferma

Socialice, visite a amigos, parientes, hable, ríase, llore, enójese, desahóguese.

El estrés afecta nuestras vidas a tal extremo que a veces nos provoca enfermedades de diferente índole, pero también hay formas de controlarlo.  

Si quiere vencer el estrés siga estos consejos:

• Socialice. Visite a amigos, parientes, concurra a las reuniones de los clubes. Manténgase en contacto. Esto es fundamental.

• Hable, ríase, llore, enójese. Desahóguese.

• Haga ejercicios con regularidad. Estudios realizados demuestran que el ejercicio reduce la ansiedad, alivia la tensión y estimula el cerebro para generar endorfinas, químicos que producen una sensación de bienestar. Intente hacer ejercicios de 30 a 60 minutos, tres veces por semana.

• Lleve una dieta sana y equilibrada.

• Bloquee el estrés sumiéndose en actividades que disfrute profundamente, como leer, tocar un instrumento musical, trabajar en el jardín o visitar amigos. Agregue estas actividades a su programa diario o semanal, y sea disciplinado al respecto.

• No pierda la verdadera dimensión de las cosas. Recuerde penurias y problemas pasados que haya superado.

• Viva el momento a través de actividades que disfrute y de pequeños escapes, como el cine o la televisión.

• Respire lenta y profundamente. Parece ser que la respiración superficial y temerosa envía señales de estrés al cerebro.

• Pruebe el yoga o la meditación. Si no disfruta de ellos, no se esfuerce, pruebe otra actividad.

El caso de Karen

En las calmadas y solitarias horas previas al amanecer, Karen Gaebelein se sienta en su sala, mirando por la ventana al cielo oscuro, mientras sus pensamientos corren y su corazón late con fuerza.

A los 56 años, Gaebelein, que vive en Broadview Heights, Ohio, está preocupada por la hipoteca de su hogar, los ahorros para la jubilación que se están reduciendo y un futuro laboral incierto.

Como millones de estadounidenses, está ansiosa y estresada por la preocupante incertidumbre de una economía vacilante. Y ese estrés está, literalmente, enfermándola.

Gaebelein, quien desde hace un año está desempleada, ha tenido problemas para dormir, su presión sanguínea está alta y tiene ataques de depresión. “Algunos días me olvido de comer —afirma Gaebelein, quien administraba dos oficinas de una cooperativa de crédito—.

Cada cierto tiempo, me compro una bolsa grande de comida rápida grasosa, y un Hershey gigante. Sé que no debería hacerlo; sé que es malo para mí, pero no puedo evitarlo”.

Si bien una determinada cantidad de estrés puede aumentar la productividad y la creatividad, demasiado estrés puede ser perjudicial para la mente y el cuerpo.

El estrés no sólo puede provocar conductas negativas, como darse un atracón con comida chatarra, fumar o beber en exceso, sino que también puede llevar a problemas médicos que van desde el resfrío y la gripe hasta la depresión, hipertensión y pérdida de la memoria.

Los especialistas sostienen que cuando el estrés persiste por años puede exacerbar ciertas afecciones como las cardiopatías, la arterioesclerosis, las enfermedades autoinmunes, la diabetes y las úlceras. Por su parte, las investigaciones realizadas indican que también puede acelerar el proceso de envejecimiento.

“El estrés rara vez causa la enfermedad, pero crea las condiciones que tornan el cuerpo más vulnerable a la enfermedad. Y si uno ya está enfermo o padece una enfermedad crónica, ese estrés puede empeorar la situación —señala Sheldon Cohen, psicólogo de Carnegie Mellon University, en Pittsburgh—. Sus efectos… pueden ser duraderos”.

Según Cohen, el estrés “es la percepción de estar enfrentando demandas que exceden la capacidad para satisfacerlas”. Esas demandas pueden ser físicas (ser perseguido por un ladrón) o psicológicas (estar preocupado por un empleo o el dinero).

El actual derrumbe económico está causando un estrés psicológico generalizado que aumenta por la incertidumbre y el temor. “Sentimos que perdemos el control y que nuestras vidas se están volviendo cada vez más impredecibles”, afirma Cohen. Y la mente repite las mismas preguntas, como si las rumiara: ¿Qué sucederá a continuación? ¿Cuánto tiempo durará? ¿Se pondrá peor?

Estadounidenses de todas las edades están viviendo con la ansiedad que genera una economía en problemas. Pero algunas de las personas más estresadas, como Gaebelein, han sido despedidas en su última década de trabajo y tienen menos probabilidades de encontrar un nuevo empleo y recuperarse de las pérdidas financieras sufridas.

“Perder el empleo a los 50 ó 60 años no es bueno para la salud —explica William Gallo, investigador científico de la Facultad de Medicina de Yale University, en New Haven—. Existe evidencia contundente que señala que, no importa con quiénes los comparen, los adultos mayores que hayan perdido sus empleos estarán en peores condiciones físicas y mentales”.

Los estudios de Gallo, que consistieron en hacer un seguimiento de personas mayores que habían perdido sus empleos tras el cierre de una planta industrial, descubrieron que no sólo tenían más síntomas de depresión, sino que, además, “el riesgo de un ataque cardíaco o un derrame cerebral se duplicaba, en comparación con quienes no habían perdido sus empleos”.

Gallo sostiene que, para las personas mayores de 50 años, perder el empleo —con la ansiedad que ello implica— debe considerarse como un factor de riesgo para problemas cardiovasculares. (Según relata, cuando los participantes encontraban un empleo nuevo, el riesgo se reducía considerablemente).

Otro hallazgo: Las personas que temen perder su empleo tienen más problemas de salud que los que ya lo perdieron, según Sarah A. Burgard, profesora asociada de Sociología de la University of Michigan.

Ella y su equipo estudiaron a 3.000 empleados menores de 60 años, quienes participaron en dos estudios a largo plazo, y los dividieron entre los que estaban preocupados por perder su empleo y los que no lo estaban. Hallaron que, en un período de dos años, los que se sentían crónicamente inseguros con respecto a su empleo presentaban un estado de salud mucho peor y estaban más deprimidos que los que ya lo habían perdido.

“Vivir con incertidumbre es tremendamente perjudicial para la salud”, señala Burgard.

 

¿Por qué es tan dañino el estrés?

 

El estrés es un mecanismo arcaico diseñado para ayudar al hombre primitivo a sobrevivir a una amenaza física repentina, como el ataque de un animal o de guerreros. Es una respuesta fisiológica poderosa que tiene por objeto reaccionar rápidamente mientras el cuerpo se prepara para huir o pelear.

Pero este sistema atávico ha sido arrastrado al siglo XXI, según Louise Hawkley, directora asociada del Laboratorio de Neurociencia Social, de la Universidad de Chicago.

“Lo que hoy en día nuestros cerebros interpretan con frecuencia como una amenaza —la pérdida de un empleo o problemas con la hipoteca— puede provocar como respuesta el estrés y seguir haciéndolo”, hasta dañar verdaderamente el cuerpo.

Cuando el cerebro percibe una amenaza, potentes hormonas de estrés, como la adrenalina y el cortisol, inundan el cuerpo, creando un repentino aumento de fuerza. Los niveles de glucosa (azúcar) irrumpen para proveer energía. El ritmo cardíaco aumenta y la presión sanguínea sube, de modo que la sangre circula más rápido y con más fuerza para llevar oxígeno a los músculos.

A fin de permitir que el cuerpo canalice todo el esfuerzo para huir o pelear, otras hormonas suprimen los sistemas que no contribuyen en forma directa con estas acciones, como las funciones inmunológica, digestiva, de crecimiento y reproductiva. El cuerpo permanece en este estado de alerta hasta que el cerebro se convence de que el peligro pasó.

Según Hawkley, si esta reacción masiva ocurre reiteradamente, con el tiempo provoca estragos en las delicadas respuestas hormonales que regulan los distintos sistemas del cuerpo.

A modo de ejemplo, las hormonas elevadas aceleran el sistema cardiovascular, tensando el corazón y los vasos sanguíneos, aumentando el colesterol y las placas, cambios que pueden llevar a la arteriosclerosis, derrames cerebrales e infartos.

Cuando el estrés crónico perturba el correcto funcionamiento hormonal, pueden sobrevenir otras afecciones, como colitis y otros problemas intestinales, e infecciones que pongan en peligro a un sistema inmunológico deficiente.

Un estudio dirigido por Cohen muestra que las personas que viven con uno o dos factores de estrés importantes —desempleo o subempleo, por ejemplo— eran cinco veces más propensos a presentar resfríos que las personas no estresadas.

De todos modos, las personas pueden aprender a manejar el estrés, sostienen los especialistas, y eso ayuda a mitigar los efectos del estrés en la salud.

El primer paso es “aprender a reconocer las señales de estrés —explica Rajita Sinha, M.D., directora del Yale Stress Center (Centro de Estrés de Yale), en New Haven, Conn—. Entre los indicadores clave, podemos citar: ritmo cardíaco más rápido; disminución de la energía; cambios en el apetito; hacer rechinar los dientes; tensión en los brazos, la espalda o el cuello; tensión en el estómago y problemas para dormir". “Preste atención a estas señales rápidamente —recomienda— y busque modos de lidiar con ellas que resulten efectivos para usted”.

El cerebro es el árbitro del estrés, y lo que lleva a algunas personas a un estado de pánico ansioso, o hasta a tener pensamientos suicidas, puede que a otras prácticamente no las afecte. Lo que resulta clave es que se puede distraer y calmar el cerebro con actividades que lo comprometan y produzcan placer, como leer una buena novela de misterio, correr con su perro o tocar el trombón.

Manejar el estrés “no tiene que ver con escaparse de lo negativo, sino con moverse hacia lo positivo, hacer cosas que nos hagan felices”, añade Douglas Mennin, profesor adjunto de Psicología en Yale y director del Departamento de Servicios para la Ansiedad y el Humor. Mennin sugiere comprometerse con actividades que alejen la mente del estrés, “no sólo durante los fines de semana”, sino como una rutina habitual.

Los especialistas dicen que una estrategia fundamental es mantenerse en contacto con amigos y parientes. Busque apoyo emocional. La soledad es un factor de estrés importante que puede hacer potenciar otros problemas.

Y recuerde que mucha gente es fuerte y adaptable, añade Mennin.

Karen Gaebelein nos cuenta que está intentando hacer más ejercicio y ver a sus amigos. Ha encontrado gran satisfacción realizando trabajo voluntario en una comunidad de adultos mayores. “Todavía no he perdido la esperanza”, afirma.

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