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Mujeres caminando y haciendo ejercicio

— Kevin J. Miyazaki/Redux

Los grupos han enriquecido la vida de Moraa. “Estas mujeres se acercaron a mí inmediatamente”, dice ella. "Comenzamos a hablar mientras caminábamos, y pronto éramos amigas. Esa experiencia me ha hecho abrirme a otra gente”.

Moraa ahora hace trabajo voluntario ocasionalmente, como caminar perros para la Humane Society (Sociedad protectora de animales), con un amigo de moai,y tanto ella como Michael han mejorado mucho su salud: Moraa ha perdido cerca de 30 libras (14kg), la cintura de Michael ha bajado de 38 a 32 y los síntomas de diabetes han virtualmente desaparecido. “Ahora ya casi no soy diabética”, reporta Moraa.

Como tenían deseos de dar la noticia sobre los resultados positivos del Vitality Project, la iglesia de Moraa ha formado un grupo para discutir sus logros y animar a otros a cambiar las papas fritas por fruta. “Pero cada vez que nos reunimos”, dice ella, “hablamos más sobre cómo la gente se está conectando debido al Vitality Project. Me ha hecho sentir mejor acerca de Albert Lea... y de Estados Unidos”.

“Comer de esta forma nos ha ayudado a ahorrar dinero”


Jackie Abrego, de 47 años, es la dueña de un salón de belleza, y frecuentemente comía comidas rápidas con sus empleados. Sí, ella y su esposo John, de 50 años, han sido siempre activos —andan en bicicleta y caminan y persiguen a sus cuatro pequeños nietos— pero el Proyecto Vitality, dice John, “realmente nos ha hecho conscientes de comer de manera saludable”.

Como Moraa, ellos han disminuido la comida chatarra y la comida rápida. “Fue difícil renunciar a eso al principio", admite Jackie. “Pero siempre he escuchado que toma 21 días cambiar un hábito, e hicimos un compromiso. Sabíamos que teníamos que dedicarnos al programa continuamente o volveríamos a caer en nuestros viejos hábitos”.

El renunciar a la comida rápida forzó a la pareja a planear los bocadillos con anticipación. Cada domingo por la noche Jackie y John cortan vegetales y frutas para la semana. “Se ha convertido en una especie de ritual que disfrutamos”, nota John. “Además de hacernos sentir mejor, el comer de esta forma realmente nos ha ahorrado dinero”.

El salón de belleza también le ha dicho adiós a las golosinas. “En lugar de eso tenemos una bandeja de verduras frescas”, dice Jackie.

“Uno de los clientes incluso nos trajo un enorme calabacín, y yo hice mucho pan y muffins con él y mandé un poco a la escuela con mi sobrina para que coman como bocadillo”.

Ahora que las escuelas han eliminado la comida chatarra, “los niños realmente están participando en esto”, dice John. “Hasta nuestro nieto mayor —tiene 6 años— pide palitos de zanahoria y brócoli como bocadillo cuando nos visita”. Y lo que él coma, los nietos más pequeños lo copiarán".

“Yo solía comer muchos cheesy puffs…”

Para Jen y Chris Chalmers, el Vitality Project ha reforzado las buenas cosas que ya estaban haciendo —y nos ayudó a hacer mucho más—, dice Chris. Los Chalmers —el tiene 43 años, ella 38— tienen tres niños de menos de diez años, de manera que son gente ocupada, pero Chris de todas formas se ofreció como voluntario para ser el copresidente local del Vitality Project. Esperando traer más energía a sus vidas, los Chalmer van los domingos a la iglesia en bicicleta.

“Fue divertido para todos nosotros y una buena forma de lograr que nuestro niño de cinco años se calmara para el servicio”, dice Chris. “También participamos en el "ómnibus escolar a pie" de nuestro vecindario. Es lindo ver esa reunión de diferentes generaciones cada mañana, a veces hasta 30 o 40 niños y los adultos que los van a acompañar: abuelos, mamás empujando coches y otra gente mayor del vecindario.

“Otra cosa que nos encanta es el sentido de comunidad en la feria semanal, también vamos ahí en bicicleta con los niños. Desde que el proyecto comenzó, ha estado lleno de gente. Más personas están comprando verduras y hortalizas locales en lugar de las que provienen desde 1.500 millas”.

Sam, el hijo de diez años de Chris, como todos los niños, aprende de lo que su familia y comunidad están haciendo. “He estado pensando en lo que estoy comiendo”, dice él. “Yo solía comer muchos cheesy puffs…” Ahora sé que no son buenos para mí, así ya no los como.

“He conocido mucha más gente en la ciudad en todos estos eventos del Vitality Project”, añade. “Se habla de cómo en las pequeñas ciudades todo el mundo se conoce, pero eso realmente no era cierto para mí antes. Ahora sí lo es".

"¿No es maravilloso lo de Brian?"

Brian Mattson, el trabajador social que estaba asombrado de saber su limitada expectativa de vida, participó en el Vitality Project por una razón: su madre. Jan Mattson tiene 66 años, está en forma y es embajadora del proyecto. Y estaba preocupada por su hijo.

“Ella insistió para que fuera al inicio del Vitality Project”, Brian dijo. “Pero cuando escuché lo que estaban diciendo, yo pensé, ‘bueno, estos son cambios realmente sencillos, así que ¿por qué no probar?” "

Él comenzó por comer más frutas y verduras. Luego se unió a unmoaipara caminar en su vecindario y consiguió un podómetro para medir el número de pasos que daba en un día.

“Cuando comencé pensaba: “Dios mío, he caminado 6.000 pasos y creo que me voy a morir”. Pero Brian perseveró. Él comenzó a sentirse mejor y se hizo amigo de las personas en sumoai, particularmente de Kevin Boyer, de 53 años.

“A veces cuando estoy afuera caminando con Brian, yo digo, “Estoyasíde cerca de ordenar una pizza”, dice Kevin, y Brian dice, “Voy a ir a casa a hacer un ‘stir-fry’ (salteado o sofrito). Escuchar eso me mantiene en el carril. Solía comerme una pizza todas las semanas, y no me he comido una en meses. Solamente estoy comiendo menos.

Al principio eso era difícil de manejar, pero comencé a usar platos y tazones más pequeños, como el Vitality Project te recomienda y me ha ayudado a controlar mis porciones. Incluso he renunciado a poner azúcar en mi cereal. No sabía que podías comerlo sin azúcar", se ríe.

La vida de Brian también se está haciendo más dulce (sin azúcar). “Por las noches pienso, 'prefiero salir a caminar que estar sentado aquí solo'. Y ahora camino un promedio de 12.000 pasos al día".

Su madre está emocionada y aliviada por los cambios en la vida de su hijo. “La gente me para por la calle y me dice , “¿No es maravilloso lo de Brian?” "

En lo que respecta a Jan, ella y su esposo, Rory, de 67 años, también están comiendo más frutas y verduras. “Y cocino con aceite de oliva en lugar de mantequilla”, dice ella. “A veces Rory se queja de las porciones más pequeñas, pero se está acostumbrando a eso”.

Sin embargo, para Brian, el Vitality Project cambió más que el tamaño de su cintura. Infundió un nuevo vigor a su perspectiva de la vida.

“Tomé un taller sobre propósitos, y me recordó que soy bueno en lo que hago; tengo un talento natural para hacer trabajo social”, dice él. “Estos días en el trabajo voy a probar algo disparatado, una nueva técnica con un niño a quien estoy ayudando. Y realmente estoy emocionado con un papel que tengo en una obra de teatro comunitaria. Es pequeño, pero no he hecho teatro aquí en 15 años, y es algo que amo. Es realmente increíble lo bien que me siento. Con respecto a todo”.


Dan Buettner es el autor deThe Blue Zones: Lessons for Living Longer From the People Who've Lived the Longest (Las zonas azules: Lecciones para vivir más por la gente que ha vivido más).

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