Joe Acaba, 43 años
Desde muy joven, Joe Acaba escuchó a su padre hablar de la importancia del servicio comunitario. Mientras estudiaba en la universidad, a los 20 y pocos, se dio cuenta de que quería incorporarse al Cuerpo de Paz. Pero, en cambio, luego de egresar se incorporó al Marine Corps. Esa experiencia lo convenció de que quería retribuir a nivel internacional, cuenta Acaba, que es descendiente de puertorriqueños. El Cuerpo de Paz le dio esa oportunidad al enviarlo a la República Dominicana desde 1994 a 1996. “Trasladarme a la República Dominicana no fue un gran cambio para mí, pero vivir allí cambia tu perspectiva”, señala. “Tenemos un compromiso con la gente que ha sido menos afortunada”. Todavía mantiene el contacto con amigos que hizo en la isla.
El exmaestro de escuela e hidrogeólogo dice que su experiencia con el Cuerpo de Paz fue una ventaja una vez que regresó a Estados Unidos. Las habilidades adquiridas en el trabajo, tales como la organización de proyectos, fueron invalorables cuando se aventuró mucho más allá del terreno internacional, en búsqueda de una nueva frontera: el espacio. Se convirtió en el primer candidato a astronauta puertorriqueño. En el 2009, voló a la Estación Espacial Internacional (International Space Station) y actualmente se está preparando para una misión a llevarse a cabo en el 2012, lo que requiere mucho tiempo de entrenamiento en Rusia. Aprender cómo trabajar con personas de diferentes culturas es práctico, dice, y agrega que esa habilidad puede ayudar en cualquier entorno laboral. “Formar parte del Cuerpo de Paz es definitivamente una experiencia que te cambia la vida”, dice Acaba.
La pareja, que ya hablaba español, colabora en proyectos locales relacionados con la agricultura en las áreas de turismo rural y desarrollo económico. Los proyectos han variado desde capacitar a nuevos voluntarios hasta distribuir hornos solares. Pero con tantos voluntarios de alrededor de 20 años, han adoptado un papel adicional, dice Tenorio: “Me veo como un modelo de conducta, compartiendo lo aprendido en mis últimos 50 años de trabajo y vida”.
Juan Antonio Chavira, 67 años
La Guerra de Vietnam estaba en su apogeo. Cesar Chavez llevaba a cabo sus marchas. Pero Juan Antonio Chavira, con 22 años y recientemente egresado con un título en Literatura, “no tenía aspiraciones de ningún tipo”, dice. Bueno, quizá una: “No quería que me dispararan”. Su incorporación al Cuerpo de Paz le resultó en él no ser reclutado al servicio militar, señala.
Era la primera vez que Chavira abandonaba la seguridad de su comunidad mexicano estadounidense del Sur de Texas. Se dirigió al área rural de Kansas para asistir a un curso de cuatro meses de capacitación cuyo enfoque era aprender español, algo que él ya sabía. A lo que nunca se había expuesto era a otros jóvenes de diferentes razas y etnias. Luego recibió otra sorpresa: cuando llegó a Queromarca, Perú, en 1966, los pobladores hablaban quechua, una lengua indígena.
Durante dos años, él y otros voluntarios vivieron sin electricidad ni agua corriente, trabajaron para mejorar la producción de papas, plantaron 250.000 árboles y aprendieron quechua. “Recibimos más de lo que dimos”, cuenta Chavira sobre la experiencia. Y no estaba hablando solamente sobre el hecho de que durante su permanencia en Perú conoció a Elizabeth, su difunta exesposa, una voluntaria del Cuerpo de Paz que se encontraba vacunando vacas en un pueblo cercano.
El Cuerpo de Paz “abre tu mente”, dice Chavira, quien luego se convirtió en fiscal y juez en el Condado de Bexar, Texas. “Te ofrece una nueva forma de ver la realidad”.
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