P: ¿Y para quienes no viven cerca de una base?
MO: Busque en su propia comunidad, en su iglesia, en la escuela de sus hijos. Comuníquese con las familias de militares y averigüe cuáles son sus necesidades.
JB: Yo soy maestra en una escuela comunitaria, y el año pasado, cuando mi marido y yo fuimos a Irak, uno de los oficiales me contó una historia acerca de un niña de seis años que estaba en la misma clase que su hija. Durante una actividad especial tocaron el “Ave María” y la niñita rompió en llanto. La maestra corrió y le preguntó: “¿Qué pasa? ¿Por qué estás llorando?” Y ella contestó: “Esa es la canción que tocaron en el funeral de mi papá. Él murió en Irak”.
Así que cuando regresé, hablé con otros educadores y, como resultado, tenemos casi 100 programas de Educación a nivel universitario comprometidos a incluir en sus currículos clases de ayuden a los hijos de militares. Los maestros también están indagando quiénes están en sus aulas, y están trabajando con las asociaciones de padres y maestros. Yo conozco a cada alumno en mi aula, quién está desplegado, quién es militar y qué están haciendo.
P: Ustedes han hablado con mucho entusiasmo de los grupos que se reúnen para recibir a las tropas.
JB: En Maine, son todos adultos mayores. Y les dan la bienvenida a las tropas que regresan a casa, cualquiera sea la hora del día o la época del año. Cuando mi hijo regresó de Irak, aterrizó en Nuevo Hampshire. Y me dijo: “Mamá, no tienes idea de lo mucho que significó salir del avión, mirar y ver dos filas de veteranos que estaban allí, diciéndonos: ‘Gracias por sus servicios, soldado. Gracias por sus servicios’”. Y tenían teléfonos celulares, y se los alcanzaban a los soldados para que pudieran llamar a su casa al minuto de haber pisado suelo estadounidense.
P: Cambiemos de tema por un minuto. Las dos han dejado su marca distintiva en sus roles como Primera y Segunda Dama. ¿Cómo decidieron el papel que iban a representar?
JB: No creo haber pensado: “¿En qué voy a trabajar?” Fue algo que evolucionó naturalmente para mí. Sentía que tenía un medio que no iba a desaprovechar. Y así, todos aquellos temas que me interesaban y sobre los que había trabajado por años; educación, familias de militares, cáncer de mama; ahora tenía un escenario más grande donde actuar.
P: ¿Y su rol de Primera Dama?
MO: Mi afinidad y mi pasión por las familias de militares provienen de haber conocido a estas mujeres mientras estábamos en campaña. Sus historias me conmovieron. Al igual que Jill, tengo un gran medio de apoyo. Somos mujeres profesionales. Entendemos los problemas. Entendemos el poder de nuestros cargos y también la delicada naturaleza de los mismos. Jill ha sido la esposa de un senador de EE. UU. durante mucho tiempo.
JB: Mi vida adulta. Exactamente. (Risas)
MO: Toda tu vida de casada, ¿correcto?
JB: Oh, sí.
MO: Y yo era una esposa de senador neófita. Lo lindo es que, si te atienes firmemente a tus pasiones, a las cosas que realmente te importan, entonces es auténtico. Y esto es algo que siempre sostuve: Si voy a hacer algo, tiene que ser auténtico, para que la gente te crea.
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