Se necesitan más fondos y abogados
A la vuelta del día, tal como dice la frase “es más bendecido dar que recibir”, quienes entregan sus horas voluntariamente en la clínica de Camillus House, son los que salen beneficiados.
Antonio Revilla, un abogado de 43 años, nacido en Estados Unidos y de padres panameños, lo expresa así: “Cualquier ser humano se siente mejor ayudando a alguien. Es una deuda y obligación moral el asistir a los más débiles pues estamos aquí por la gracia de Dios. Nunca sabes cuando las cosas van a cambiar en tu vida”.
Tanto Revilla como Kottler fueron nombrados “Abogados del mes” en distintos meses por la organización, debido a su ayuda en la clínica.
“No hay nada peor que sentirse sin apoyo de nadie”, dice Revilla. “Estas personas no tienen familia, están básicamente abandonados por la sociedad, y la idea de esto es hacer la diferencia, que sientan que alguien está a su lado”, añade.
Revilla, experto en inmigración y dueño de su propio bufete legal, evitó que una persona de Camilllus House sea deportada y la ayudó a solicitar la residencia.
“Quisiéramos que más abogados de otras especialidades se unan a la clínica de Camillus House”, indica Jessica Laleh, una joven abogada neoyorquina de 26 años y voluntaria de casos de familia.
Las historias que estos abogados escuchan de cómo las personas terminan en las calles no dejan de sorprender. Recientemente llegó a ellos un hombre que pidió consulta sobre la custodia de sus hijos. Después de haber tenido mucho dinero por haber trabajado en el sector de bienes raíces, terminó arruinado por la crisis económica y un costoso divorcio.
“Escuchar estos casos es la parte triste, pero vamos a continuar”, dice Laleh. “Ellos nos necesitan”.
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