In English | Son las 9 de la noche de un domingo cuando Alejandro Juárez se encamina hacia la esquina de la Calle 73 y la Avenida Roosevelt en la sección Jackson Heights de Queens, Nueva York. Allí, el inmigrante mexicano encuentra a otros pares jornaleros como él, decenas de ellos, quienes cada vez con más frecuencia andan sin trabajo y, en consecuencia, sin el dinero para comprar alimentos. Por lo tanto, todas las noches se reúnen en esta esquina en busca de una de las pocas cosas con las que siempre pueden contar: una comida caliente que les entrega Jorge Muñoz.
Durante el día, Muñoz, originario de Colombia, conduce un ómnibus escolar. Por la noche, estos trabajadores le dirán que realiza la tarea de un ángel.
Durante cinco años, Muñoz, de 45 años de edad, les ha traído a los hombres alimento los siete días de la semana. Son comidas que preparaban su madre y su hermana, y que ahora se realizan con la ayuda de otras personas.
“Se puede pasar un día o más sin comer si nadie te contrata, y esto ha estado sucediendo cada vez más a los trabajadores como nosotros en esta economía”, indica Juarez, de 38 años de edad, mientras Muñoz distribuye recipientes desechables llenos de la comida de esa noche —arroz, lentejas y salchichas— a una larga fila de hombres. “Lo que hace es una bendición, ya que al menos sé que no dormiré con hambre”.
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