La última reelección
En octubre de 2012 ganó la reelección por otros seis años más por un margen de 54%, 7,4 millones de votos frente a los 6,15 millones del candidato opositor Henrique Capriles, que fue el primer candidato que logró aglutinar a su alrededor las fuerzas de oposición como ningún otro contrincante que haya tenido Chávez al superar la barrera de los 4,5 millones de votos.
En diciembre del mismo año consolidó ese triunfo en elecciones a gobernador cuando sus candidatos se impusieron en 20 de los 23 estados venezolanos.
14 años en el poder
Estuvo en el poder 14 años, más que ningún otro presidente desde que se instauró la democracia en enero de 1958.
Sólo otro venezolano había estado en el poder más tiempo: el general Juan Vicente Gómez, dictador que rigió el país con mano de hierro durante 27 años hasta 1936.
Chávez, quien se autoproclamaba "revolucionario y socialista", insistía en que era un "demócrata" por excelencia, pero muchos venezolanos temían que estaba llevando al país a un sistema político semejante al de su amigo íntimo y mentor, el líder cubano Fidel Castro.
Se sentía como pez en el agua cuando empleaba el léxico militar para describir su acción de gobierno, una imagen que era reforzada por su preferencia en vestir uniforme o chaquetas verde oliva y la boina roja de una unidad de élite del ejército a la que perteneció, en lugar de traje y corbata, en sus numerosas apariciones públicas.
Decía que deseaba la paz pero impulsó multimillonarias compras de armas que despertaron temores de una carrera armamentista en la región. Alegaba que las armas eran necesarias para defenderse de una invasión estadounidense, una idea que era ridiculizada en Washington.
Usó la cuantiosa riqueza petrolera del país para ofrecer entregas de hidrocarburos en condiciones blandas a otros países, asegurándose el apoyo de gobiernos como los de Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Argentina y convirtiéndose en una de las figuras más reivindicadas por los movimientos izquierdistas de América Latina.
Sus adversarios siempre lo catalogaron de gobernante autoritario pero astuto, que utilizaba las esperanzas de los pobres y sus frecuentes enfrentamientos verbales con el gobierno de Estados Unidos para obtener beneficios políticos. Siempre fue popular, pero polarizó a la sociedad venezolana.
Chávez se vio como el heredero del prócer Simón Bolívar. Con frecuencia hablaba teniendo como fondo el retrato del Libertador, sacó de las bóvedas una espada enjoyada que perteneció al héroe independentista, la cual solía desenvainar incluso en actos proselitistas y mandó a confeccionar numerosas réplicas para regalar a sus aliados internacionales, particularmente aquellos que compartían su retórica antiestadounidense como el entonces líder libio Moamar Gadafi, entre otros.
Su discurso, a veces vulgar, motivaba tanto adulación como desespero en Venezuela y el extranjero y azuzaba las diferencias de clases entre los venezolanos.
La oposición le criticaba además de su violencia verbal, los súbitos cambios de política, las constantes reformas constitucionales y expresiones públicas de admiración por gobiernos como los de Cuba, Libia,
Siria, Zimbabue e Irán, mientras abandonaba toda actitud diplomática o cordial con gobiernos como los de Estados Unidos e Israel.
Así el resto del mundo observó cómo Venezuela se embarcaba en su camino incierto en virtud de los caprichos de su grandilocuente líder.
Para millones de pobres era un héroe. En las barriadas marginales de campos y ciudades, donde vive más de la mitad de los 28 millones de habitantes del país, Chávez logró cautivar una base de fieles seguidores debido a su carisma y programas sociales llamados misiones que ofrecían desde alimentos a bajos precios, ayuda en dinero a las madres solteras hasta el plan de asistencia con médicos cubanos en los barrios.
Las misiones, sin embargo, se realizaban con un fuerte tinte ideológico, a veces con personal cubano, y fueron calificadas como poco más que limosnas por la oposición.
Como parte de la aplicación de un férreo control estatal, la nómina del gobierno se disparó. A finales de los 90, el sector público se componía de un millón de personas. Actualmente se estima en más de dos millones de empleados públicos, particularmente después de apoderarse de tierras privadas y empresas nacionalizadas en sectores clave como las telecomunicaciones, acero y cemento.
Pese a las nacionalizaciones y sus constantes promesas de convertir a Venezuela en un Estado socialista, el equilibrio entre los sectores público y privado de la economía no cambió mucho durante su mandato.
En 2010, el Banco Central estimó que el sector privado representaba alrededor de 69,3% del producto interno bruto. Esa es casi una proporción semejante a la de cuando Chávez fue elegido en 1998. De acuerdo con cifras oficiales, los niveles de pobreza se redujeron de 49% en 1998 a 26% en 2010.
También fue acusado de cercenar la libertad de expresión, especialmente después de negarle la renovación de la concesión audiovisual al canal privado Radio Caracas Televisión, que solía criticar a su gobierno. El canal tenía casi medio siglo de trayectoria y era considerado una institución en el país que nunca se alineó con ningún gobierno.
Grupos internacionales de derechos humanos repetidamente denunciaron que los fiscales y tribunales perseguían a los opositores al gobierno. Fueron muchos opositores que enfrentaron cargos criminales y algunos de ellos fueron conducidos al exilio.
Chávez siempre negó vehementemente que ejerciese algún control sobre los tribunales o el ministerio público, pese a los no pocos escándalos que parecían confirmarlo.
En contrapartida, denunciaba a opositores y críticos como "oligarcas" que defendían sus intereses económicos y el capitalismo al estilo estadounidense.
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