La edad de jubilación aumentó a 60 años para las mujeres y 65 para los hombres, y las autoridades cubanas han exhortado a los jubilados a seguir siendo miembros activos de su sociedad. El propio Raúl Castro acaba de cumplir 81 años y su hermano cumplirá 86 el próximo 13 de agosto.
Entre tanto, se han autorizado normas que permiten a los jubilados volver a trabajar sin perder sus pensiones. Además, el gobierno ha creado leyes que flexibilizan el trabajo independiente y la iniciativa privada, aunque expertos aseguran que las opciones son limitadas.
Por su parte, Moreno señaló que algunos amigos habían regresado al trabajo después de jubilados, una opción que a ella no le interesa, que se dedica a cumplir con las actividades del ex Convento de Belén, una de las instituciones estatales más destacadas para los ancianos en el centro histórico de la ciudad.
Moreno, que lleva más de una década sin ver a su hija que reside en Estados Unidos, aseguró que el ex convento --donde recibe atención, alimentan a personas mayores y contribuyen a la asistencia médica y al entretenimiento de más de 1,000 ancianos-- es una especie de segundo hogar para ella.
"Para cualquier país, el envejecimiento no es bueno. Cuba está luchando para que las personas de cierta edad no se sientan tan mal", reflexiona Moreno.
Con todo, el fenómeno es indetenible y, además, mundial.
"El envejecimiento es el envejecimiento. Lo que varía es la velocidad con que ocurre y el contexto socioeconómico", expresó el demógrafo Díaz-Briquets.
En países del este de Europa, así como en Asia, se promulgaron incentivos económicos para la fecundidad, pero los resultados han sido magros y en casos extremos hasta se llegó a prohibir el aborto, una opción inviable en la isla, según Díaz-Briquets.
Otra posibilidad que tienen los países es nutrirse de inmigrantes de otras naciones más pobres.
"La situación en Haití y algunos países centroamericanos seguirá siendo aún peor que en Cuba", comentó Díaz-Briquets.
Si las cosas cambiaran en la isla, es decir, si se produjeran mejoras económicas, entonces se abriría una oportunidad interesante, sobre todo si se produce un cambio drástico en las relaciones con Estados Unidos, agregó.
"¿Podrían los ciudadanos de esos países pobres convertirse algún día en los turcos o los mexicanos de Cuba? Como van las cosas... no me parece que sea una idea tan descabellada", concluyó Díaz-Briquets.
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