A diferencia de Rousseff y Kirchner, la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, electa en el 2010, es centrista. Chinchilla dice que prefiere la conciliación a la confrontación, pero tampoco la pasan a llevar.
En 1995, como viceministra nacional de Seguridad Pública —soltera y embarazada de cinco meses— enfrentó a furiosos dirigentes sindicalistas para terminar con una huelga que amenazaba la estabilidad del país. Más tarde, luchó contra carteles de la droga, tanto desde la legislatura como desde una de las dos vicepresidencias bajo el expresidente Óscar Arias.
Durante su campaña, Chinchilla prometió incrementar la inversión en educación, aumentar los subsidios destinados a las fuerzas de seguridad, y designar a un zar antidroga para detener a los contrabandistas que utiliza a Costa Rica como ruta de tráfico. Chinchilla enfrenta una posible guerra fronteriza con su vecina Nicaragua, debido a las tareas de dragado que ese país está realizando en el río San Juan, que separa a ambas naciones. Chinchilla, de 52 años, es una conservadora social y se opone firmemente al aborto, al matrimonio entre homosexuales y a la separación de la Iglesia y el Estado. Se ganó la antipatía de algunos grupos de mujeres por rehusarse a presionar por los derechos de las mujeres, pero, sin embargo, obtuvo el apoyo de la mayoría del electorado femenino.
Muni Figueres, embajadora de Costa Rica ante Estados Unidos, dice que Chinchilla fue elegida por el voto femenino y por el de las corrientes populares de todos los sectores de la sociedad.
“Ella fue sutil, no confrontacional ante el problema [del feminismo]”, sostuvo Figueres, hija del expresidente de Costa Rica, José Figueres. “Ella prefería decir: ‘El hecho de que yo esté aquí postulándome es el mensaje’”.
Las elecciones de Rousseff, Kirchner y Chinchilla hicieron que algunos llamaran a esta la “Era de la presidenta”. Figueres, quien en 1990 hizo su propia e infructuosa campaña vicepresidencial, dice que, en el pasado, “no había espacio para la mujer en la política. Ahora, las candidatas mujeres son bienvenidas, incluso por los hombres”. Igualmente importante, continúa, es que las mujeres ya no se sienten intimidadas por la estructura del poder. Las mujeres de todos los ámbitos tienen menos miedo a la competencia y a ejercer el poder”.
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