RIO DE JANEIRO (AP) — Oscar Niemeyer, el arquitecto que recreó en acero y vidrio las curvas de Brasil, y pasó a la historia como el creador de su capital futurista Brasilia, dejó su sello estampado en obras desde el complejo de la ONU en Nueva York hasta la sede del Partido Comunista Francés en París, pasando por el Sambódromo que alberga los desfiles de Carnaval de Río, y el Museo de Arte Moderno en Niteroi, que parece un platillo volador colgando de la costa rocosa.
Niemeyer, quien murió el miércoles a los 104 años, se mantenía activo en su taller de arquitectura e incluso participó recientemente en una polémica generada por su proyecto de construir una nueva plaza en Brasilia.
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"Los ángulos rectos no me atraen. Tampoco las líneas duras e inflexibles creadas por el hombre", escribió el arquitecto en su autobiografía publicada en 1998. "Lo que me atrae son las curvas libres y sensuales. Las curvas que encontramos en las montañas, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer que amamos".
Esas formas circulares dieron elegancia a Brasilia, la ciudad que abrió al mundo el vasto interior de Brasil en 1960 y albergó desde entonces a la capital del país, trasladada desde Río de Janeiro.
"La arquitectura de Brasilia es la mayor contribución brasileña al arte del siglo XX", afirmó el diplomático y crítico de arquitectura André Correa do Lago.
Correa do Lago dijo en una entrevista con AP que Brasil tiene contribuciones destacadas en diversas formas artísticas, pero la obra de Niemeyer en Brasilia es la principal manifestación creativa del país en el siglo pasado.
La nueva capital creció a ritmo vertiginoso hasta albergar a dos millones de habitantes, pero su diseño aún genera polémicas. Los críticos afirman que carece de "alma" tanto como de esquinas, mientras sus admiradores aseguran que sirvió para atraer vida hacia las inmensas sabanas del interior.
El crítico de arte Robert Hughes describe a Brasilia como una "utopía del horror" y sostiene que "el error básico fue dejar la planificación de la ciudad en manos de un socialista".
Niemeyer desdeñaba las críticas.
"Si uno va a Brasilia puede ser que no le guste, decir que hay cosas mejores, pero ninguna parecida", dijo el arquitecto en una entrevista publicada en 2006, cuando tenía 98 años. "Mi búsqueda es una sorpresa. Una pieza de arte debe emocionar".
En el 2009, a sus 101 años, Niemeyer aún era objeto de controversia, como la que provocó con su propuesta de construir una Plaza de la Soberanía en plena Explanada de los Ministerios, un espacio enorme y abierto en el corazón de los edificios gubernamentales que son las piezas más reconocidas de su creación.
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