AARP The Magazine

50 años

La guerra que cambió todo

Hace 50 años, las primeras tropas de combate llegaron a Vietnam. Diez años después, cayó Saigón. Para quienes combatieron allí, siguen vivos los recuerdos de esos años de amargas divisiones.

Vietnam Ilustración

— De izquierda a derecha: Christian Simonpietri/Sygma/Corbis; Corbis; Cortesía de Everett Collection vía Newscom; Philip Jones Griffiths/Magnum Photos; Eddie Adams/AP Photo; Dick Darrell/Toronto Star vía Getty Images

Walter Cronkite en Vietnam

— Getty Images

“Ahora parece más seguro que nunca que la sangrienta experiencia de Vietnam terminará en un punto muerto”.

 

 

  Walter Cronkite, presentador de CBS News, en un informe especial sobre Vietnam, 27 de febrero de 1968.

 

“Necesitaba hacerlo”.

Henri Huet, izquierda, y Richard Pyle a la derecha durante la Guerra de Vietnam

— Cortesía de Richard Pyle

“Fue mi idea ir a Saigón. Si había una guerra allá, sentía que tenía la obligación de ir a cubrirla. Si no lo hubiera hecho, hubiera pasado el resto de la vida arrepintiéndome. No sé a quién le debía nada, pero sentí que necesitaba hacerlo, porque alguien tenía que hacer eso. Pero también tengo que reconocer que era muy emocionante”.

Richard Pyle fue el jefe de la oficina de la Associated Press en Saigón de 1970 a 1973.

Escucha más: Richard Pyle explica por qué sintió que como periodista estadounidense necesitaba cubrir la Guerra de Vietnam.

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“La cosa más extraña del mundo”.

Leroy Quintana

— Cortesía de Leroy V. Quintana

“Estaba en una unidad de reconocimiento de seis miembros, y nos mandaban a lugares en medio de la nada para ver dónde estaba el enemigo. Cuando haces reconocimiento, te sientes más solo que cuando estás en la primera línea del frente. Nadie quiere ser el último hombre en una compañía de reconocimiento. ¿Alguna vez agarraste un alfiler y te lo pusiste entre la uña y el dedo? ¿Qué tan lejos puedes empujar el alfiler antes de que tengas que parar?

Pensaba en ese tipo de cosas durante las misiones.

Una noche, yo era el líder de la patrulla durante un monzón. La lluvia por fin paró y me tranquilicé. Entonces vi soldados que se movían a lo lejos. Era como un ciempiés grande y extraño que bajaba por la montaña. Pasaron a seis pulgadas de distancia de mí, pero no me vieron. Me lancé al barro, simplemente me senté en la mugre. Y sucedió la cosa más extraña del mundo. Estaba —¿cómo lo puedo decir?—  estaba llamando a mi madre, por lo menos desde mis adentros”.

Leroy Quintana, especialista del Ejército de EE.UU., prestó servicio con las 82.ª y 101.ª Divisiones Aerotransportadas en 1967 y 1968.

 

“El país era un hervidero”.

Colin Powell en Vietnam

— Sygma/Corbis

“Aunque nuestro país era un hervidero de polémica sobre la guerra, no recuerdo haber tenido ni un solo debate sobre sus méritos con mis compañeros oficiales mientras estuve en Vietnam. Poner en duda la guerra no hubiera hecho que lucharla fuera más fácil”.

Colin Powell, mayor del Ejército de EE.UU. en Chu Lai en 1968, luego fue secretario de estado.

“Fue una locura”.

Edie Meeks, enfermera militar

— Cortesía de Edie Meeks

“Eran unos jóvenes perfectamente maravillosos y sanos, y los destrozó una explosión sin ningún motivo. Como era una ingenua, creía que se suponía que el Ejército iba a cuidarte. Pero solo estaban usando a estos jóvenes. Eran desechables. Cuando regresé, ni siquiera podías decirle a nadie que habías estado allí; 1969 era el apogeo de las manifestaciones antiguerra. Atacaban a quienes no debían —a los soldados— en vez de a los miembros del Congreso que los enviaban para allá. Las enfermeras que llegaban de Estados Unidos para reemplazarnos nos advertían que debíamos quitarnos el uniforme antes de andar por la calle. Cuando llegué al aeropuerto de San Francisco, llevé al baño de damas un vestido que había empacado, me quité el uniforme y lo boté a la basura”.

Edie Meeks, enfermera del Ejército de EE.UU., arriba, de pie a la derecha, prestó servicio en 1968 y 1969. Ahora es enfermera de quirófano en Mount Kisco, Nueva York.

 

“No la lances. No apretaré el gatillo”.

Portada del libro Matterhorn de Karl Marlantes

“Yo estaba herido. Andaba tirado en el piso y lo tenía en la mira de mi M16. Me acuerdo claramente que deseaba saber hablar vietnamita. No sabía hablarlo. Me acuerdo que murmuré en voz alta: ‘No la lances. No apretaré el gatillo’. Y el muchachito me gruñó —literalmente— y lanzó la granada hacia mí. Y apreté el gatillo.

“Años después, conducía por la carretera I-5 que atraviesa Oregón y Washington. Estaba oscuro, era muy tarde de noche, sonaba música country en la radio. Y sus ojos aparecieron en el parabrisas”.

Karl Marlantes, primer teniente del Cuerpo de Infantería de Marina de EE.UU., recibió una Cruz de la Armada en 1969. Es el autor de una novela sobre la Guerra de Vietnam, Matterhorn. Su libro más reciente es una autobiografía, What It Is Like to Go to War (Lo que se siente ir a la guerra).

 

“Ninguno de nosotros estuvo muy arrepentido”.

Manifestación organizada por el Comité de Movilización Nacional para Terminar con la Guerra de Vietnam, Washington DC. 15 de noviembre de 1969

— David Fenton/Getty Images

“Me fui para Canadá en agosto, el mismo mes en que fue Woodstock. Había 50,000 opositores a la guerra en Canadá. La mayoría terminaron en Toronto, Montreal o Vancouver. Cerca de la mitad de ellos todavía están allá. Ninguno de nosotros estuvo muy arrepentido. A medida que la guerra continuó, sabíamos que estábamos en el lugar correcto”.

John Hagan regresó a Estados Unidos en 1977 y ahora es profesor de sociología y derecho en Northwestern University.

 

“Teníamos razón sobre esa guerra”.

Gary Weiner

— Cortesía de Gary Weiner

“Si hubiéramos sido más sabios —aunque eso es mucho pedir para alguien de 20 años— quizás no hubiéramos dicho cosas como que los policías eran unos cerdos. Y los pobres que tuvieron que prestar servicio en Vietnam, los debimos haber tratado con mucha más compasión de lo que lo hicimos. No entendíamos que puedes buscar justicia y seguir siendo compasivo. Mi defensa es que éramos jóvenes. Éramos engreídos. Pero teníamos razón sobre esa guerra”.

Gary Weiner, quien se graduó de Cornell en 1971, trabaja como mediador en California.

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