9 de abril de 1942. Cuatro meses después de que los japoneses bombardearan Pearl Harbor, más de 78.000 tropas estadounidenses y filipinas que defendían la península de Bataán, en Filipinas, apremiadas por la falta de refuerzos y provisiones, reciben la orden de rendirse. Así comienza la desgarradora Marcha de la Muerte de Bataán hacia los campos japoneses de prisioneros de guerra —65 millas de marcha incesante bajo un calor agobiante, interrumpida por bayonetazos, golpes, decapitaciones y ejecuciones—. Unos 11.000 soldados murieron.
En sus memorias, recientemente publicadas, dos veteranos hispanos de Nuevo México dan su versión como testigos oculares de la Marcha de la Muerte y de su experiencia como prisioneros de guerra en el teatro de operaciones del Pacífico.
Carlos: A Tale of Survival (2007, I-Socket Presse) cuenta la vida de Carlos Montoya, de 93 años de edad, según el relato de su sobrino, J.L. Kunkle, de 45. Survivor (2008, Del Oro Press) es la biografía del sargento mayor Frank N. Lovato, de 88 años, escrita por su hijo, Francisco L. Lovato, de 61.
“Papá y los hombres de su unidad combinada estadounidense/filipina fueron los primeros [soldados estadounidenses] que enfrentaron a los japoneses cara a cara, el 22 de diciembre de 1941, en la playa de del Golfo de Lingayen, en las Filipinas”, cuenta Francisco Lovato, un hecho que, según él, no ha sido publicado en ningún libro de historia.
Fue la necesidad de relatar estos hechos —así como de rendir homenaje a los hombres que amaban—, lo que obligó a Lovato y Kunkle a pasar años investigando las experiencias de los veteranos. Las memorias resaltan la capacidad de resistencia del espíritu humano al enfrentar una crueldad indescriptible y al poder de la esperanza para superar la adversidad.
En una entrevista reciente, los veteranos y sus biógrafos compartieron sus experiencias con AARP Segunda Juventud.
Frank y Francisco Lovato
Survivor, por Francisco L. Lovato (2008, Del Oro Press)
La biografía del sargento mayor Frank N. Lovato, según la cuenta su hijo Francisco L. Lovato, es una recopilación de experiencias del veterano durante la Segunda Guerra Mundial. Frank, un ex soldado del Ejército y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, soportó la Marcha de la Muerte de Bataán y años en campos japoneses de prisioneros de guerra y de esclavos. Basándose en cientos de horas de entrevistas durante un período de diez años, Francisco retransmite los relatos de su padre como integrante de la primera unidad que luchó contra las fuerzas japonesas en las Filipinas en 1941, sobreviviendo como prisionero de guerra, y, finalmente, siendo liberado, en 1945. Para más información, visite: www.survivorbook.com
P. Cuéntenme sobre Bataán.
R. Frank: Cuando llegó la orden desde el cuartel general de que supuestamente tendríamos que rendirnos, simplemente no lo podíamos creer. Pero cuando vimos esos tanques japoneses acercándose por el terreno, no contábamos con munición de artillería para dispararles con nuestros semiorugas. Se nos indicó que abriéramos la recámara de nuestros fusiles, le atáramos un trapo y lo levantáramos, para que el enemigo pudiera verla. Dejamos la munición de nuestras armas menores y todo lo demás. Conservé mi cantimplora, mi armónica y mi impermeable; eso fue todo. Cuando nos dijeron que resignáramos nuestros fusiles, tomé mi Springfield y lo lancé contra una roca enorme. Me dije: “Oh, Dios, esta será la última vez que respire”, ya que había torcido la maldita cosa.
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