Más allá de la UFW
A pocos meses del 50 aniversario de la fundación de la UFW, se vuelve a evaluar el tema del sindicato, y se vuelve a hablar de la vida, el trabajo y el legado de César Chávez. Algunos, como Pawel, cuestionan la actual relevancia o eficacia de la United Farm Workers —acaso la obra más visible de Chávez— cuya membresía ha disminuido desde unos 70.000 socios activos en la década de los 1970 hasta unos 27.000 hoy día, reflejo posiblemente de la pérdida de relevancia de los sindicatos en Estados Unidos.
Pero como observara el propio Chávez, la UFW fue solo un comienzo; analizar su labor sólo dentro de la esfera sindical sería, tal vez, obviar su esencia y sus sueños.
Paul Chávez cuenta que su padre tuvo oportunidades de vivir una vida normal de la clase media, pero las rechazó. Pudo haberse quedado al frente del Community Service Organization, una organización que trabajaba en pro de los derechos civiles de los latinos en Los Ángeles. Ese trabajo le permitía vestirse con trajes de Brooks Brothers y manejar un Volvo.
“Solía llegar a casa por las noches como si fuera Clark Gable”, recuerda Paul Chávez. Pero su padre dejó ese trabajo para organizar a los trabajadores agrícolas con Dolores Huerta, una decisión que diezmó las finanzas familiares.
En otro momento, Sargent Shriver —el ya fallecido fundador del Cuerpo de Paz— acudió a Chávez para que dirigiera las operaciones del Cuerpo de Paz en Suramérica.
“Nos consultó sobre si debiera aceptar el trabajo”, recuerda Paul Chávez. “Nos dijo, ‘tendremos una casa grande y linda, con empleadas domésticas’ ”. Pero entonces, dice Paul, “dijo, ‘no, tenemos que quedarnos y ayudar a la gente pobre aquí. Ese es nuestro trabajo’”.
Tal vez el propio Chávez explicó mejor que nadie como él mismo entendía su legado. En un discurso pronunciado ante el Commonwealth Club en 1984, dijo:
“De vez en cuando, oirán a nuestros opositores declarar que el sindicato está débil, que no tiene apoyo, que no ha crecido lo suficientemente rápido. Nuestro obituario ha sido escrito numerosas veces. … [Pero] una vez que comienza el cambio social, no se puede volver atrás. No puedes quitarle la educación a la persona que ha aprendido a leer. No puedes humillar a la persona que siente orgullo. … No importa lo que el futuro depare para el sindicato, no importa lo que el futuro depare para los campesinos, nuestros logros no se pueden deshacer. … La conciencia y el orgullo que suscitó nuestro sindicato siguen vivos y florecen dentro de millones de jóvenes hispanos que nunca trabajarán en los campos”.
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