Contrajo matrimonio con Helen Fabela, hija a su vez de campesinos. Helen —que hoy cuenta con 82 años— mantuvo la familia unida durante los muchos viajes de César, trabajando en el campo para mantener a sus 8 hijos y pagar la gasolina a su marido.
La familia también pagó un precio por la ambición de Chávez, dice Marc Grossman, antiguo secretario de prensa de Chávez, y que escribió muchos de sus discursos. Grossman recuerda cuando una de las hijas de Chávez, Eloise, se casó. César —cuenta Grossman—, asistió a la ceremonia religiosa y sólo permaneció en la fiesta de recepción hasta el primer baile, pero después se marchó a organizar una huelga en Salinas, California.
“Cuando tenía que escoger entre la familia y el trabajo, decidió que el trabajo era tan importante que debía tener prioridad sobre todo lo demás”, recuerda Grossman. “Pero ellos lo entendían y estaban muy orgullosos de él”.
Eloise Chávez Carrillo, de 58 años, recuerda lo mal que lo pasaban ella y sus hermanos, porque los hijos de los cultivadores los provocaban. “Regresábamos a la casa y le pedíamos, ‘¿no puedes comportarte como un padre regular?’ ” relata Chávez Carrillo. “Y él solo nos decía, ‘oraremos por aquellos que los lastiman’”.
¿Un legado mixto?
Hoy día Paul Chávez dirige la fundación César E. Chávez, una organización sin fines de lucro basada en California que otorga becas escolares, fabrica viviendas de bajo costo, patrocina programas de ayuda a los pobres y trabaja para mantener vivo el nombre de César Chávez.
Arturo Rodríguez —yerno de César y viudo de Linda, la única de los ocho hijos de Chávez ya fallecida— lidera la UFW. Otra hija, Liz Chávez Villariño, funge de jefe de finanzas del Farmworker Institute for Education & Leadership Development, instituto que fundó su padre.
El hijo de Liz Chávez Villariño, Juan, de 28 años, frecuentemente habla sobre su abuelo a estudiantes y grupos latinos de California. “Nos criaron dentro del movimiento, y me enorgullece el poder continuar su legado en cualquier forma posible”.
Empero, hay quienes critican la labor de la familia.
Miriam Pawel, autora del libro The Union of Their Dreams: Power, Hope and Struggle in Cesar Chavez’s Farm Worker Movement, dice que la membresía y la influencia de la UFW han disminuido considerablemente. También critica la labor de las organizaciones libres de pagar impuestos de la familia, señalando que se acogen al tema de las vidas difíciles de los agricultores migrantes para recaudar fondos, pero sin solucionar sus problemas.
“Puede que estén ayudando a algunos con sus viviendas a bajo costo, pero los trabajadores agrícolas no pueden costearlas. Ellos siguen viviendo en las colinas, en casuchas, bajo condiciones terribles”, dice Pawel. “Los baby boomers crecieron boicoteando las uvas, y hay muchos que piensan que los boicots lo solucionaron todo, pero no es así”.
Para Pawel, Chávez es un héroe, pero un héroe imperfecto “que al final impidió que la UFW cumpliera cabalmente su función de sindicato. Creo que es importante que los niños de edad escolar aprendan sobre la vida de César Chávez, pero deberían conocerlo en toda su complejidad de carácter”, dice Pawel.
Puede que su nueva biografía de Chávez avance ese sentido.
Grossman también trabaja en un libro sobre su antiguo jefe. Y Keir Pearson, quien colaboró en el guión del filme Hotel Rwanda, ha negociado con la fundación familiar los derechos a filmar la vida de Chávez. Por otra parte, el instituto Sundance patrocina un nuevo documental titulado Cesar’s Last Fast (La última ayuna de César).
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