Al mismo tiempo, los hispanos mayores de 50 años de edad somos ya 9 millones.
Como poblaciónón total, seguimos siendo mucho más jóvenes que el resto de la población de Estados Unidos. Entonces podríamos decir “Ah, nosotros somos más jóvenes” y conformarnos con eso, o bien podemos preguntarnos cuál va a ser nuestro perfil de envejecimiento, dada la actual composición de la fuerza laboral. Y no sólo comparándonos con nuestros padres, sino con todos los demás en el mercado laboral. Esa es la comparación relevante. Si nos contentamos solamente con “Ah, mis hijos están recibiendo más educación que la que yo tuve” y blablablá, la historia suena bien. Pero el problema es que hemos estado perdiendo terreno desde 1970. Estamos mejorando, pero nos estamos quedando atrás al compararnos con el resto de la población. Esa es la gran paradoja de nuestro perfil educativo. Nada bueno.
La necesidad de reducir el gasto puede significar un impacto en los programas de ayuda social, como la Seguro Social y Medicare. Hay gran preocupación.
Y es justificada. Los hispanos enfrentan un problema serio al llegar a la edad de jubilación, porque tienen mucha mayor probabilidad de trabajar en empleos que no ofrecen planes de pensiones...
Así que muchos de ellos dependerán casi exclusivamente en la Seguro Social y Medicare.
Si cumplen los requisitos. Para ser elegibles, necesitan haber trabajado 40 trimestres [10 años] en empleos cubiertos por el Seguro Social. Los inmigrantes de mayor edad puede que no alcancen a trabajar 40 trimestres y, por lo tanto, no serían elegibles para Medicare. Y un desproporcionado número de quienes llegaron jóvenes, tienen salarios bajos, por lo que sus pensiones también van a ser bajas, si es que llegan a tenerlas.
Respecto de los latinos que están envejeciendo, me preocupa el hecho de que cualquier reducción o empobrecimiento de la red de Seguro social va a tener un impacto muy duro en ellos. Los trabajadores como mi papá —que se asentó finalmente en Detroit para trabajar en las fábricas de acero y pasó allí el resto de su vida— se jubilaron, tuvieron su pensión, nada grande, pero él tenía un buen seguro de salud, complementario a Medicare, que fue suprimido cuando vendieron Great Lakes Steel a los japoneses. Afortunadamente, mi hermana y yo pudimos ser su red de Seguro y nos incorporamos a AARP. El seguro complementario de AARP es fenomenal, siempre que puedas pagarlo.
Usted y su hermana encarnaron la red social de la familia…
En algunos casos, la segunda o tercera generación puede asumir ese gasto. Los frutos de una mayor educación fueron aumentando a partir de 1970, y hoy los hijos de los hispanos mayores tienen más educación y empleos mejor pagados, pero no está claro que tengan los recursos adicionales para pagar la atención de salud de sus padres. Algunos tenemos trabajos bien pagados, pero la clase trabajadora, hoy en día, no tiene margen de maniobra. Mi hermana menor, por ejemplo, nunca podría haber pagado un seguro adicional para mi padre.
La buena noticia es que no somos tan viejos como el resto de la población. La mala noticia es que debido a que somos tantos, cuando empecemos a envejecer, la realidad nos va a pegar fuerte.












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