Transformar el hogar donde vivía la familia en un refugio para tantas mujeres y niños requirió una gran capacidad de adaptación de su parte, recuerda la hija de Ramos, Maria, quien actualmente tiene 47 años de edad. “Era una especie de caos —recuerda Maria, la mayor de los tres hijos de Ramos—. Era una casa pequeña; no teníamos mucho espacio. Pero ella le extiende la mano a la gente que ve sufrir. Hace todo lo que esté a su alcance para ayudarlos.”
Esa experiencia dejó su marca. Ahora una abogada en California, Maria Ramos ha seguido los pasos de su madre, defendiendo a las víctimas de violencia doméstica y hablando sobre el tema con oficiales de policía y otros grupos.
Primer refugio establecido
Luego de desafiar los esfuerzos de los funcionarios de la ciudad y las órdenes judiciales para sacar a las mujeres de su casa, Sandra Ramos logró conseguir que se estableciera el primer refugio a fines de los años 70. Desde entonces, miles de personas han encontrado refugio en el hogar de Ramos o en uno de sus refugios, que, entre todos, hospedan a unas 180 mujeres y niños. Muchas de ellas son latinas y Ramos planea comenzar a tener una sesión semanal de asesoramiento grupal en idioma español. Pero Ramos, cuyo apellido de soltera es Blumberg y conservó el de su ex marido, un inmigrante cubano, observa que el carácter racial y étnico de las personas que residen en el refugio cambia constantemente.
“La violencia doméstica atraviesa todas las barreras de raza y clase social —dijo recientemente, tomando un descanso durante sus dos horas diarias de natación en Highlands Pool, una piscina alimentada por agua natural de las montañas—. [La violencia familiar] no discrimina, afecta a todos.”
La aversión de Ramos al status quo influye tanto su estilo de vida como su activismo. Hace frecuentes referencias a “la diosa”, explicando que considera que “el Creador” es de sexo femenino y que el término también se refiere “al poder de la energía de la mujer”.
Ramos, que usa el cabello largo y color rojo brillante, prefiere la moda de los años 50 y 60, vive en una casa prefabricada rosa y violeta trasplantada desde una base militar, y maneja un Volvo color fucsia modelo 1986 con el capó decorado con ornamentos Art Decó que simbolizan la paz, el poder de la mujer y la protección de los niños. Una vez, reflexionando sobre qué ponerse para una fiesta, Ramos recuerda, miró la cortina y decidió usarla para la ocasión. “Creo que las mujeres, a medida que se hacen mayores, deberían volverse más alocadas —indica—. Haz lo que quieras.”
“En las reuniones grupales, le pido a la gente que me cuente lo que hicieron durante un período de 24 horas. Luego, les pregunto cuántas de esas cosas realmente les gustaron, y por lo general son pocas o ninguna. Es triste.”
No sorprende que la antiburócrata tenga un enfoque práctico respecto de sus refugios, solventados a través de subsidios y donaciones. Ella toma parte activa en los refugios, sirviendo alimentos a las mujeres y niños, y comiendo y charlando con ellos. Anima a las mujeres a que desempeñen un papel fundamental en los refugios; cocinan sus propios alimentos y ayudan a organizar las actividades.
“Es un ambiente de mucha cooperación —comenta la abogada Linda Neilson, exalumna de Ramos que proporciona asesoramiento legal gratuito a las mujeres de los refugios—. Las mujeres trabajan en conjunto para lo que necesitan. Son muy organizadas.”
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