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Tecnología a su alcance

¿Un lector electrónico para mí?

Un pequeño aparato, poco más grande que un teléfono móvil, puede convertirse en la biblioteca del futuro.

Acabo de leer mi primer libro electrónico. Y estoy todavía procesando la experiencia antes de decidir categóricamente si es algo positivo, negativo, o un poco de ambos.

Vea también: Lector electrónico vs libro tradicional

Es que soy un amante apasionado de los libros. Los impresos. Los que tienen páginas de papel, portada, tinta y todo lo demás. Los compro, los leo, los conservo, a veces los vuelvo a leer. Ficción, no-ficción, poesía, biografías, memorias, filosofía, ensayos, de todo. Uno de los renglones más activos de mi presupuesto personal va dirigido a libros. Y música también, pero ésa es otra columna.

En ésta voy a tratar de evaluar, un poco en voz alta, las nuevas alternativas a los tomos físicos que han surgido en el mercado. Primero, hice una investigación de todos los modelos de libros electrónicos en el mercado: el Kindle de Amazon, el Nook Color de Barnes & Noble y el Kobo de Borders. Cada uno tiene su ventaja sobre el otro. Unos tienen color, otros no. Sus tamaños oscilan y el Nook, por ejemplo, incluye aplicaciones, correo electrónico, videos, etc.

Debo aclarar que de ninguna manera esta columna pretende ser un aval comercial de ninguno de estos recursos electrónicos y mucho menos una promoción de la lectura electrónica en general. Es, en el mejor de los casos, un testimonio de los desafíos que la tecnología nos presenta a diario y cómo alguien como yo, cuya generación va atrás muchos años a la época casi medieval de la máquina de escribir, se ve obligado a contemporizar con el monumental desarrollo de la sociedad moderna.

Finalmente opté por el Kindle de Amazon. Más pequeño que los demás. Más ligero. Sin color. Un aparato creado exclusivamente para leer y nada más. La única otra función, la de entrar en la red electrónica, sirve solamente para comprar libros que descienden del ciberespacio literario y se incorporan al aparato en apenas 30 segundos.

La lectura marchó bien. Este primer libro se titula “The Paris Wife” (La esposa de París), de Paula Mclain, un recuento apócrifo narrado en primera persona por la primera esposa de Ernest Hemingway acerca del tiempo que pasaron juntos en el París de los años veinte.

La lectura en sí en Kindle no se diferencia mucho de un libro físico. Sin embargo, encontré entre otras ventajas que este aparatito pesa poco más de 8 onzas y cabe en una mano. La pantalla está diseñada para facilitar la lectura aún bajo la luz intensa del sol. La tinta que usa (llamada e-ink) tiene claridad en cualquier circunstancia. Las páginas se pasan presionando levemente una fina tecla que tiene a ambos lados, sea para avanzar hacia la próxima o para regresar a la anterior. La batería, recargable, dura aproximadamente un mes.

Hay más. Cuando uno tropieza con una palabra que no conoce, con sólo mover el cursor hacia ella, mágicamente aparece allí en la propia página que se está leyendo su definición procedente de un diccionario invisible. Y si la tipografía no es del agrado del lector, puede cambiarse la fuente y el tamaño de la letra, algo muy conveniente para personas mayores que tienen dificultad en leer material impreso. No hace falta un marcador para saber dónde quedó la lectura. Cada vez que uno prende el aparato para continuar la lectura la pantalla se abrirá exactamente en el sitio en que terminó la sesión anterior.

Para comprar libros, sólo hay que prender el wi-fi para visitar la librería electrónica, donde los precios de los libros son, por lo menos, la mitad de lo que uno pagaría por el tomo impreso. Hay también un sinnúmero de obras clásicas que uno puede obtener gratis o a un precio realmente ridículo. La compra se realiza apretando una tecla y el libro aparece 30 segundos después en la biblioteca personal que uno va creando en el propio aparato y que puede albergar hasta 3,500 tomos. Esto último es importante cuando uno viaja, pues uno tiene todas las opciones de lectura sin tener que cargar con libros que le ocupan espacio en el equipaje.

Esas son las principales ventajas de la lectura electrónica. Probablemente haya muchas más que iré descubriendo según me vaya acostumbrando a esta nueva manera de leer. Me he sentido a veces como debe de haberse sentido el primer lector que disfrutó un libro salido de la imprenta de Gutenberg hace más de 500 años.

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