Ahora, mientras continúa la movilización para recuperar los muertos por el tsunami y se trata de estabilizar las zonas afectadas, la siniestra amenaza nuclear sigue siendo el factor más problemático y riesgoso al menos para los habitantes de las regiones cercanas a la planta.
El gobierno japonés no ha manejado la amenaza nuclear con mucho acierto. El pueblo se ha quejado de falta de información esencial para tomar las medidas de precaución necesarias. Empezando porque aparentemente han subestimado la magnitud del peligro y, según expertos estadounidenses, están minimizando las precauciones entre la población. De ahí que, en lugar de ajustarse a las 13 millas establecidas para evacuar la región, el gobierno de Estados Unidos está advirtiendo a sus ciudadanos que mantengan una distancia no menor de 50 millas de la planta y sus reactores dañados. El mundo entero, con optimismo a la vez que con temor, espera en vilo el desenlace de esta peligrosa amenaza.
Como en tantas ocasiones anteriores en que Japón ha sido víctima de desastres naturales y de otros creados por seres humanos, como fueron las bombas atómicas dejadas caer en Hiroshima y Nagasaki en 1945 para poner fin a la Segunda Guerra Mundial, no me cabe duda de que el pueblo japonés, asistido por la ayuda internacional que ya le está llegando en diversas maneras, superará una vez más su adversidad y hará un regreso triunfal a la sociedad pujante que supo construir con enorme eficiencia después de la guerra.
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