¡Todos somos egipcios!
La frase funcionaría como eslogan solidario ante la monumental hazaña que ese pueblo logró con su alzamiento pacífico en las calles de Cairo y Alejandría. Un poco como cuando todos nos declaramos neoyorquinos tras la tragedia del 11 de septiembre. Pero ese grito de ¡Bravo!, que a todos nos sale del pecho, a duras penas podría servir para explicar lo ocurrido en las últimas semanas en ese legendario país. Aunque parezca que las protestas que derrocaron a Hosni Mubarak el 11 de febrero no habían hecho más que seguir el ejemplo de Túnez unos días antes, el caso de Egipto es definitivamente único y mucho más complicado.
Los egipcios, sin embargo, lo hacen parecer todo fácil, y no cesa de acecharnos la tentación de reducir su histórica jornada a una suerte de fórmula: ¿Qué un tirano envejecido atropella y explota al pueblo despiadadamente durante tres décadas? Fácil: el pueblo se lanza a la calle pacíficamente durante 18 días, lo derroca, y el sábado siguiente regresa a la Plaza Tahrir, esta vez a limpiar tímidamente el desorden creado para dejarlo todo brillando de esplendor. Perfecto.
Pero no. No todos somos egipcios.
La prueba de ello está en los sangrientos ataques y palizas que están sufriendo las masas en Teherán por tratar de realizar protestas callejeras similares a las de Cairo. ¿Por qué no funciona la misma estrategia en el país persa? La principal diferencia tal vez sea que la guardia revolucionaria iraní no tiene los modales ni los escrúpulos de las fuerzas armadas egipcias. Como tampoco los tienen aquellos países que en varias partes del mundo aún viven bajo algún tipo de dictadura.
En Egipto el ejército es un cuerpo de reclutas en servicio militar obligatorio formado por la misma gente que protestaba en la plaza. Acaso muchos de los que se lanzaron a las calles habían sido en algún momento soldados, o lo tendrían que ser por ley en un futuro. En Irán la tristemente célebre guardia revolucionaria está integrada por voluntarios cuyas privilegiadas vivencias transcurren a una distancia prudencial de la población. Existe además un mutuo odio visceral entre el gobierno iraní y la oposición. En la primera plana del Washington Post apareció el martes 15 de febrero una foto de enardecidos parlamentarios persas pidiendo a gritos la ejecución de los opositores.
- 1
- 2
- Siguiente »












¿Qué opina?
Deje su comentario en el campo de abajo.
Debe registrarse para comentar.
Ingrese | InscríbaseMore comments »