Conoce más

Abrir
expedia resort membership travel aarp benefit

Ofertas en viajes

AARP® Travel Center Powered by Expedia®

Tarjeta de Seguro Social, los posibles cambios del seguro social

Seguro Social

Aprende a maximizar tus beneficios

Tanger Outlets

Tanger Outlets

Libro de cupones gratis para socios

 

 

 

 

Ofertas exclusivas de puntos para socios

Red contra el fraude

Red contra el fraude

Ve alertas de estafas en tu estado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Celebra y ahorra en tu membresía de AARP

Reloj en primer plano y mujer bostezando al fondo

¿Qué tanto sabes del cambio de horario? Trivia

Parques nacionales

Cómo hacerse voluntario en los parques nacionales

Hazte voluntario. Requisitos

Becas

Familia celebra la graduación de la universidad. Centro de Recursos Becas Universitarias.

Qué necesitan tus hijos y nietos para entrar a la universidad. Recursos

Videos

AARP Español

¡Subscríbete al canal de consejos en YouTube!

Seguridad para
Conductores

Apúntate a un curso en línea; se voluntario y ayúdanos a promover un curso; busca un curso presencial para ti. Ir

Juegos

Juegos de AARP

Prueba tu destreza e ingenio. ¡Juega ya!

Recordatorios de la tragedia de Arizona

La negligencia hacia enfermos mentales, la falta de regulación de armas de fuego y la retórica política son factores indiscutibles.

Una vez más la nación y el mundo contemplan con impotencia un acto de extrema violencia cuya motivación se nutre de la facilidad conque cualquier ciudadano, incluidos los enfermos mentales, tienen acceso a armas de fuego poderosísimas, capaces de matar a muchas personas en pocos segundos.

Son tres los elementos que convergen en la deplorable tragedia ocurrida el 8 de enero, cuando Jared Lee Loughner, armado de una pistola Glock 19 con peines especiales de municiones múltiples, disparó contra la congresista demócrata Gabrielle Giffords y contra un grupo de personas que habían asistido a su evento público titulado “El Congreso en su esquina” en un centro comercial de Tucson, Arizona.

El primero de estos elementos es la negligencia generalizada en el tratamiento de personas con serios problemas mentales. El segundo, la falta de una adecuada legislación que regule el uso de las armas de fuego. Y el último, y no por ello menos importante, el ambiente de hostilidad que ha predominado últimamente en la retórica política nacional.

El 30 de marzo próximo se cumplirán 30 años del atentado de John Hinckley, Jr., contra el Presidente Ronald Reagan en Washington. Sin embargo, tres décadas no han bastado para que la prensa, la población y las autoridades oficiales hayan adquirido la dosis de conciencia necesaria sobre las enfermedades mentales para asegurarse de que se asignen los recursos necesarios para darles un tratamiento adecuado. Es triste ver, por ejemplo, cómo se han llenado los hospitales militares de veteranos con cuerpos aparentemente sanos, pero con sus mentes heridas sin mucha esperanza de una recuperación completa. Y más triste y complicado aún es imaginar cuántos más seguramente existen fuera de los hospitales cuya condición se desconoce o sencillamente se descuida.

Mientras este tema no reciba la prioridad requerida en los presupuestos nacionales y estatales y los ciudadanos e instituciones no reciban la educación necesaria para poder detectar a tiempo a este tipo de pacientes potenciales, seguiremos expuestos a estos actos de violencia en nuestros propios vecindarios.   

También debemos ir más allá de simplemente quejarnos de la exagerada obsesión que una parte de la sociedad tiene hacia las armas de fuego. No es una casualidad que Hinckley, Jr., haya usado también una pistola Glock 19 para disparar contra el presidente Reagan. Es sin duda el arma favorita de los que, en su delirio patológico, no atinan sino a optar por soluciones destructivas. Resulta inaceptable que en un país civilizado como éste esas armas, y otras peores, estén al alcance de cualquier ciudadano a veces sin siquiera tener una licencia, como es el caso de Arizona, y sin tener en cuenta el estado mental de los que las compran.

Claro, el tema se hace tabú cuando se intenta introducir alguna legislación para resolver el problema. Y ello obedece a que el lobby más poderoso que existe en este país es la Asociación Nacional del Rifle, que esgrime la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos (la cual concede a los ciudadanos el derecho a portar armas) para justificar la horrífica proliferación de armas de fuego que nada tienen que ver con la circunstancia en que esa enmienda se aprobó.

Cada vez que ocurre una tragedia como la de Arizona —que por desgracia se hacen cada vez más frecuentes— surge el tema del control de las armas y las restricciones que se deben exigir a quienes las venden y a quienes las compran. Pero… cada vez que los que abogan por controlarlas tratan de tomar alguna acción, los legisladores chocan con el intransitable muro que a base de miles de millones de dólares ha erigido la Asociación Nacional del Rifle.

Y esto nos trae a nuestro tercer punto, pues son aquellos llamados líderes o aspirantes políticos que más han invocado el uso de las armas en sus campañas electorales (como es el caso de miembros del llamado Tea Party que es ahora el elemento más determinante en el Partido Republicano) quienes precisamente han enrarecido el ambiente político con una retórica de incitación a la violencia. En marzo del año pasado, nada menos que la propia representante Gabrielle Giffords, quien ahora lucha por salvar su vida en un hospital de Tucson tras el ataque del sábado, denunció un mapa que había hecho circular la ex gobernadora de Alaska Sarah Palin en el que aparecían mirillas telescópicas de fusiles encima del distrito de Giffords en Arizona. “Cuando la gente hace eso”, dijo Giffords entonces, “deberían darse cuenta de que esos actos tienen sus consecuencias”.

Sí que las tienen. Sí que las tienen.

¿Lograrán los recordatorios de la tragedia de Arizona obligarnos a actuar de una vez por todas como adultos responsables?

El contenido de esta columna refleja estrictamente la opinión del columnista y no la postura de AARP. AARP es una organización no partidista, sin fines de lucro que ayuda a las personas mayores de 50 años de edad a ser independientes y a ejercer control de sus vidas de manera asequible y que les beneficie a ellos y a la sociedad. AARP no respalda a ningún candidato a cargos públicos ni dona a campañas políticas ni a ningún candidato.

¿Qué opina?

Deje su comentario en el campo de abajo.

Dile al Congreso que proteja a Medicare

Medicare es un acuerdo establecido con el pueblo hace mucho tiempo. Ahora le toca al Congreso protegerlo. Únete a la lucha

 

Publicidad

El tío Sam
a tu servicio

Ofertas y Beneficios

De compañías que cumplen con los altos estándares de servicio y calidad establecidos por AARP.

Beneficios para miembros de AT&T

Los socios ahorran un 10% en la tarifa mensual de servicio de ciertos planes de wifi de AT&T

Member Benefit AARP Regal 2

Los socios pagan $9.50 por boletos ePremiere de Regal que se compren en línea.

Walgreens 1 discount membership aarp

Los socios ganan puntos en productos de salud y bienestar marca Walgreens

Member Benefits

Únete o renueva tu membresía hoy. Los socios de AARP obtienen beneficios exclusivos y ayudan a lograr un cambio social

Publicidad