Sin embargo, Richie Jean Jackson, maestra de escuela jubilada, encargada de guiar las visitas en la iglesia, no busca poner la atención en estos desagradables acontecimientos, sino que comparte una historia de fortaleza, recuerda una reunión dirigida por el Dr. King en la iglesia, dos días después del "Domingo Sangriento". “Cierre los ojos —me pide, mientras se sienta conmigo en la tranquila capilla—. Sienta la magia, sienta este santuario. ¿Puede sentir 900 ó 1.200 personas sentadas muy apretadas, que tenían, a veces, que levantar la cabeza para poder tomar un poco de aire? Imagine al Dr. King predicando, enseñando, tranquilizando. Siéntalo en su imaginación”. Por siempre maestra, Jackson tenía una lección para mí: Vea lo que estas personas alcanzaron y encontraron en su interior. Vivimos mejor gracias a eso; no perfectamente, pero mejor.
Almorcé en el encantador y renovado Hotel St. James (Avenida Water 1200, cerca al puente). Este lugar fue popular entre los dueños de esclavos, quizás hasta para el Sr. Howell Rose, quien era el “dueño” de mi tatarabuelo en la cercana Wetumpka, Alabama. Me pregunté qué hubiera pensado de mí, sentado allí, ahora; o del alcalde de Selma, el afroestadounidense James Perkins Jr.
Día cinco: De Selma al Condado de Lowndes y Tuskegee, Alabama; regreso a Atlanta
(U.S. 80 Este a U.S. 29 o la Autopista Interestatal 85 Norte; aproximadamente, 210 millas)
Los manifestantes por los derechos civiles que caminaron desde Selma a Montgomery, en 1965, acamparon en varias granjas cuyos propietarios eran negros. A lo largo de la autopista 80 se pueden observar carteles que señalizan estos lugares. Sin embargo, otro recuerdo me invade por el camino. Cuarenta y tres millas de esta “ruta de la libertad” (designada de este modo por el Servicio de Parques Nacionales) se extienden a través del Condado de Lowndes. Durante la manifestación, un pequeño grupo de mis compañeros organizadores del SNCC, incluido Stokely Carmichael, ingresaron en el área para iniciar una campaña de registro de votantes. Finalmente, este trabajo dio como resultado un partido político —la Lowndes County Freedon Organization (Organización para la Libertad del Condado de Lowndes)— cuyo símbolo era una pantera negra.
Poco antes de su muerte, en 1998, Carmichael reflexionó acerca de la reacción ante el símbolo de la pantera. “Algunos pensaron que el símbolo podía ser demasiado agresivo, pero cuando les explicamos a los compañeros que la pantera era poderosa, pero que evitaba atacar a los humanos a menos que se la provocara, les gustó”. Un colaborador del grupo trajo esa pantera de regreso a su hogar, en Oakland, California, y a la atención de Huey P. Newton y Bobby Seale. Pronto, las panteras negras tuvieron una presencia nacional.
El Condado de Lowndes sigue tan rural como era entonces. Todavía hay personas que viven sin cloacas o pozos sépticos; un tercio de los 13.500 residentes del condado viven en casas rodantes. “La historia bien podría ser nuestro recurso económico vital”, sostiene Bob Mants, nativo de Atlanta, quien vino a Lowndes para organizar a los votantes hace casi 40 años y nunca más se fue. En los terrenos que alguna vez utilizaron los manifestantes por los derechos civiles, Mants imagina excursiones turísticas, senderos para caminatas y ejercicios, y mercados para los granjeros del lugar.
Durante el regreso a Atlanta, hay tiempo para una parada corta en Tuskegee University (Universidad de Tuskegee), fundada en 1880 para estudiantes negros bajo la supervisión de su primer presidente, Booker T. Washington. Muy cerca se encuentra Moton Field, donde los famosos pilotos negros de Tuskegee aprendían a volar. Atlanta está a sólo dos horas de viaje. Todavía hay tiempo suficiente para reflexionar acerca de la libertad y susurrar una plegaria de agradecimiento por las personas que la lograron.
Charles E. Cobb, Jr. es corresponsal senior para All Africa Global Media.
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