
El líder de la minoría en el Senado Harry Reid —demócrata por Nuevo México— y Robert Redford en una conferencia en Washington, D. C., en el 2010. — Roll Call/Getty Images
Robert Redford
Comparado con la mayoría de los activistas famosos, Redford optó por ingresar a la política con mesura. No se comprometió hasta después de convertirse en una estrella como compañero de Paul Newman en Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), e incluso entonces primero se ocupó de un problema local (bloquear la construcción de una autopista a través de un cañón cercano a su hogar en Utah).
De esa semilla inicial florecieron décadas de participación en causas ambientales; ninguna estrella se había identificado tan estrechamente con el movimiento ecologista.
Al igual que Warren Beatty, Redford siempre pareció estar al tanto de la tolerancia limitada del público respecto del aleccionamiento de los artistas. En ocasiones, y al igual que Beatty, prefirió continuar con su activismo fuera de pantalla, tal como lo hizo durante la presidencia de Reagan organizando conferencias que congregaban a ambientalistas y a líderes de la industria, con éxito variado para zanjar sus diferencias.
Pero en los últimos años, Redford nuevamente ocupó un rol más visible y, en ocasiones, de mayor confrontación: luego del derrame de petróleo de BP en la primavera pasada, grabó un video inquietante de cinco minutos (en inglés) para el NRDC (Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales) en el que declaró, "Cuando escucho a las compañías de energía promocionándose a sí mismas como conservacionistas... me dan ganas de vomitar".
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