
Los actores Burt Lancaster, Harry Belafonte y Charlton Heston en el Lincoln Memorial durante la marcha en Washington el 28 de agosto de 1963. — Fotos de archivo/Getty Images
Harry Belafonte
Como cantante y actor, Belafonte tenía lo más inusual para un hombre negro en la década del 50: una plataforma pública. Durante años, él explotó ese activo con compromiso y creatividad para respaldar el movimiento por los derechos civiles.
Belafonte utilizó todas las herramientas a su disposición, como su fama (encabezó marchas y actividades para recaudar fondos y en una oportunidad dirigió una delegación de estudiantes a la Casa Blanca durante la presidencia de Eisenhower para entregar una petición en apoyo de la integración escolar), su dinero (pagó la fianza para que dejaran en libertad a Martin Luther King Jr. de la prisión en Birmingham, Alabama) y su experiencia política (actuó como emisario y puente entre King y Robert F. Kennedy y también entre King y grupos de reivindicación de derechos civiles más impacientes). Más que un exponente público, Belafonte se convirtió en confidente y estratega de los dirigentes que luchaban por los derechos civiles.
Belafonte también demostró una vitalidad política notable. Casi tres décadas después de haber conocido a King, en 1985 ayudó a organizar la grabación de "We are the World" con un reparto estelar para ayudar a África y trabajó como embajador especial de UNICEF.
En los últimos años sus ideas tambalearon; sus comentarios sobre política exterior se desviaron al otro extremo y durante la presidencia de George W. Bush comparó de manera ofensiva a Colin Powell y Condoleezza Rice con esclavos domésticos. Pero ningún artista hizo más por ayudar a eliminar la segregación impulsada por el estado en Estados Unidos.
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