
El presidente Ronald Reagan y la primera dama Nancy Reagan con Elizabeth Taylor en un evento sobre investigación del SIDA en 1987 en Washington, D. C.. — Ronald Reagan Library/Getty Images
Elizabeth Taylor
El recorrido de la carrera de Taylor la llevó de niña actriz a símbolo sexual a imán de la presa sensacionalista, y muchos la conocieron más por sus múltiples matrimonios que por su convincente actuación. Pero en 1980, Taylor surgió imprevistamente como una voz enérgica que demandaba tolerancia y compasión en los primeros años aterradores de la epidemia de SIDA.
Taylor habló en el Congreso y pidió más financiación para la lucha contra el SIDA y fundó la American Foundation for AIDS Research con Mathilde Krim, una investigadora del Sloan-Kettering Cancer Center y la esposa del titán de Hollywood Arthur Krim (él mismo un gran partícipe de las políticas democráticas).
Sin embargo, quizás Taylor logró su mayor impacto por el simple hecho de haber sido vista abrazando y besando a Rock Hudson, el actor que la acompañaba en la película clásica Giant (Gigante) en 1956, mientras permanecía internado después de haberle diagnosticado SIDA, en un momento en el que muchas personas todavía temían que el contacto casual pudiera propagar la enfermedad. (Su enfermedad ayudó a estimular su activismo). Más adelante, ella discretamente pagó los tratamientos de amigos e incluso desconocidos que padecían esa enfermedad y los visitó en los hospitales. Pocas celebridades han arriesgado su fama por una causa envuelta en esa clase de estigma social.
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