“Los padres, en la actualidad, tienen que abogar por una educación completa para sus hijos, primaria y secundaria, para asegurarse de que estén recibiendo la correcta formación preparatoria para la universidad —indica—. Los padres nacidos fuera de EE.UU. confían en que las escuelas se ocupen de eso; pero donde se asigna un orientador vocacional para cientos de alumnos, las escuelas no pueden realizar la tarea”.
Aun antes de que sus dos hijos nacieran, Tapia y su esposa, Margarita, comenzaron a ahorrar dinero para la educación de los niños, apartando algunos dólares de sus trabajos en panaderías, lavaderos de autos, negocios de maquinarias y, finalmente, su empresa de jardinería. “Catalino es uno de los ejemplos más contundentes que hemos conocido de personas que se convierten en realizadores de cambios, sin importar sus antecedentes o su nivel económico —indica Marc Freedman, fundador y director ejecutivo de Civic Ventures, organización que otorga el premio Purpose Prize a innovadores sociales de más de 60 años—. No se necesita ser un Bill Gates o un Al Gore para transformar las propias habilidades y experiencia en una permanente ayuda al prójimo”.
La tarea de Tapia recién ha comenzado. Tiene la intención de invertir el dinero del premio en certificados de depósito que generen intereses para expandir el programa de becas. Planea entregar, en algunos años, su empresa de jardinería a su hijo mayor y trabajar a tiempo completo en la conducción de su fundación. Luego, desea retomar los estudios. “Tal vez fue una ventaja para mí no haber recibido una educación formal, ya que fue lo que me inspiró para ayudar a otros; pero ya es hora de que obtenga mi diploma de secundaria —expresa—. Y luego de eso, ¿quién sabe?”
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