Hoskins, que en su juventud era enfermera, participa con alumnos de tercer grado en otro programa de Hudson. Hace poco, los dos grupos de edades tan diferentes visitaron una exhibición de grabados de Norman Rockwell prestados por la Smithsonian Institution, inventaron historias para acompañarlos y representaron juntos las escenas.
Beneficioso para todos
Unos 200 programas que mezclan las edades existen en Estados Unidos, algunos patrocinados por centros de cuidados a largo plazo y de atención diurna para adultos, según Donna Butts, directora ejecutiva de Generations United (enlace en inglés), organización nacional que propugna programas y políticas intergeneracionales. Y se planean más programas de este tipo.
En tiempos en que a las familias las separan millas, y a veces costas y continentes, los programas intergeneracionales tienen sentido. Las investigaciones y experiencias de muchos, indican que los sitios "integrados" benefician a ambas generaciones y también al personal. "Sabemos que muchos adultos que pasan tiempo con niños dicen sentirse más optimistas, menos deprimidos y que alguien los necesita", dice Butts.
Diversos estudios sugieren que los residentes de hogares para el cuidado de personas mayores con discapacidades —especialmente los más delicados de salud— que participan en actividades intergeneracionales se sienten más conectados socialmente y más móviles. Shannon Jarrott, investigadora de Virginia Tech, estudia a adultos con demencia. "Se piensa que no pueden hacer nada de nada, pero han sabido guiar y asistir a niños con actividades relacionadas con la cocina, las artes y la alfabetización. Esto ayuda tanto a los niños cuyas habilidades están en desarrollo como a las personas mayores cuyas habilidades están en fase de deterioro". Jarrott también descubrió que la mejora en el estado de ánimo de los adultos perduraba aún después que los niños se habían ido.
Algo especial en Seattle
Dentro de Providence Mount St. Vincent (conocido como "the Mount"), un centro para la vida asistida y el cuidado a largo plazo, hay una animada guardería infantil. Un salón para niños de 1 a 3 años está ubicado en un piso donde se prestan servicios de enfermería especializada. Otro destino popular es el salón de bebés, donde los residentes pueden cargar y mimar a las criaturas. Aparte del contacto espontáneo, hay actividades formales que los dos grupos realizan juntos, como cantar en coro, hacer sándwiches para las personas sin techo, jugar a las herraduras todos los martes y al vóleibol los jueves y leerles a los pequeños los viernes. A menudo, los niños mayores se sientan con los residentes mientras un terapeuta de arte los ayuda a crear collages y dibujar con tinta china.
"A veces entro en el salón antes que llegue el grupo de niños y veo a los residentes decaídos, pero apenas oyen a los niños venir por el pasillo, se les ve energía en el cuerpo y alegría en la cara", dice Marie Hoover, directora del Intergenerational Learning Center at the Mount o Centro intergeneracional de aprendizaje en el Mount (enlace en inglés). "Estas interacciones son muy parecidas a las que ocurren en un verdadero hogar y mantienen a los residentes alertas mentalmente".
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