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El padre del sargento Cory Remsburg habla del cuidado de su hijo

Craig Remsburg: “Creí que era un tipo bastante fuerte, pero necesitaba ayuda”.

Craig Remsburg, izquierda, con su hijo, el sargento del ejército  de primera clase Cory Remsburg y la primera dama Michelle Obama en el discurso del Estado de la Unión del Presidente Barack Obama en Washington, DC

Foto: EPA/Newscom

Craig Remsburg y su hijo, el sargento de primera clase Cory Remsburg, en el discurso del Estado de la Unión junto a la primera dama.

In English | Cuando la atención recayó sobre el sargento Cory Remsburg durante el discurso del Estado de la Unión el 28 de enero, su padre, Craig, fue quien ayudó a ponerlo en primer plano. Como debería ser. A Craig y a su esposa, Annie, la vida les cambió por completo para poder darle los cuidados que necesitaba Cory después de que una bomba al borde de la carretera casi lo mata en Afganistán en octubre del 2009.

Craig Remsburg, de 57 años, conversó con AARP.org sobre lo que costó ayudar a Cory a recuperarse después de haber pasado tres meses en coma y continuar su lucha por recobrar su vida independiente.

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P: Un día estás trabajando, y el próximo, el mundo se ha vuelto al revés.

R: Estaba en la mitad de una presentación cuando sonó mi celular. Vi que tenía números extras, lo que indicaba que era Cory llamando desde un teléfono por satélite. Contesté: “Hola, Cory. ¿Cómo estás?”. Hubo silencio en el teléfono por un par de segundos, y luego un señor contestó: “Este es el mayor McGhee, el comandante de la compañía de Cory”. Todavía se me hace un nudo en la garganta cuando hablo sobre eso.

P: ¿Cuándo decidiste que lo ibas a cuidar a tiempo completo?

R: Un mes y medio después de la lesión, él estaba en Tampa, Florida, y mi esposa, Annie, y yo lo habíamos dejado en la Administración de Veteranos, y fue entonces cuando me impactó: mi hijo está en coma. Había otros soldados e infantes de Marina con lesiones similares (en inglés) que habían estado allí por uno o dos años y todavía estaban en coma. Fue duro para mí el pensar que quizás no se despertaría.

P: ¿En ese momento, te tomaste un permiso para ausentarte o dejaste tu trabajo?

R: Mi empleador, Telgian Corp., me dio tiempo libre para cuidarlo y llevarlo a las diferentes citas médicas o eventos. Estuve ausente por tres semanas y más ese mes antes de poder regresar a casa. Después de eso, estuvimos yendo y viniendo de Phoenix, donde vivimos, a Tampa, donde Cory recibió sus cuidados. Soy vicepresidente de recursos humanos, y tengo un personal excelente, así que pude seguir trabajando a distancia.

P: ¿Cómo manejaste el horario?

R: Fuimos Annie y yo. Ella es la madrastra de Cory y lo conoce desde que él tenía 2 años. Queríamos estar con él las 24 horas del día. Nos intercambiábamos cada dos semanas, entre diciembre del 2009 y junio del 2010. Me encontraba con ella en la puerta de embarque en el aeropuerto —es la misma puerta y avión en la ruta entre Phoenix y Tampa de US Airways— para que pudiéramos hablar, intercambiar llaves, decir dónde estaba estacionado el auto y compartir momentos íntimos. Hablábamos por teléfono y por Skype muchas veces al día.

Lo hicimos por más de seis meses. Llegó el punto en que ambos dijimos: “Quizás necesitamos ser un poco más inteligentes”. Decidimos que Annie renunciaría su trabajo y se mudaría para allá, y luego ella fue la encargada de cuidados a tiempo completo de Cory cuando él se convirtió en un paciente ambulatorio. Yo llegaba en avión y le daba un descanso. A veces, amigos o familiares decían, “Oye, yo me lo puedo llevar por el fin de semana. Solo dime lo que tengo que hacer”, y entonces podíamos apartarnos un poco.

P: Tuvo que haber sido un tiempo en verdad increíblemente estresante.

R: Pues, sabes, te adaptas. Cory era primero. No había ninguna otra prioridad en la vida. Era ayudarlo a recuperarse, y ambos lo hicimos.

P: ¿Hubo momentos en los que te desesperanzaste?

R: En verdad no. Era solamente la nueva normalidad para nosotros. La nueva normalidad era: mi hijo está lesionado seriamente y voy a priorizar mi vida alrededor de eso y ser positivo sobre ello. Al principio cuando se lesionó, las cosas no pintaban bien, y mucha gente no pensaba que él iba a sobrevivir. No eran solo las lesiones masivas a su cráneo y ojo; lo encontraron boca abajo en el agua, así que casi se ahoga. Nos alegramos cada día. Podría ser peor. Hubo soldados que estuvieron en coma por años. Cory se estaba despertando. Eso, a nosotros, probablemente nos mantuvo la cordura. Él seguía mejorando.

P: ¿Qué otro apoyo tuviste?

R: Como ranger del ejército, Cory era parte del comando de fuerzas especiales, las cuales tenían un programa llamado Care Coalition que asignaba defensores de derechos a Cory y la familia. Nos visitaban todos los días para ver cómo estábamos, qué podían hacer para ayudar, qué necesidades había. Entre ellos y nuestra familia, y la gente en Tampa que nos tendió la mano, teníamos un sistema de apoyo muy fuerte.

P: ¿También hubo momentos alegres?

R: Claro que sí. Fue cuando Cory abría un ojo, movía una pierna, movía un brazo, nos seguía con la vista por el cuarto y luego cuando sabía qué hacer con un peine y un vaso. Fueron esos pequeños tesoros de cosas que pasaban los que nos siguieron alentando. Luego fue: “¿Sabes qué? Estamos de buena racha. Mantengámosla”. Después de ocho meses, pudo mascullar la primera palabra. La explosión le había reventado las cuerdas vocales.

P: Tuvo que ayudar mucho el que él estuviera respondiendo.

R: Cory estaba bastante mal, pero él se levantaba cada mañana, lo afeitaban y se esforzaba. Hizo que fuera fácil para nosotros ser cuidadores al demostrar su actitud positiva. Eso nos animó. Sentí que si él lo estaba dando, yo lo iba a dar.

P: ¿Cómo son tus días ahora? Obviamente estás trabajando, ¿pero qué pasa con los cuidados?

R: Cory tiene su propia casa a una milla de nosotros en Phoenix, y la conseguimos solo para ayudar a mantener su psiquis. Él se levanta a las 6:30 cada mañana, se refresca, hace sus cosas, come el desayuno y está en camino antes de las 7:30 a.m. De lunes a viernes, va a un establecimiento privado de rehabilitación en el centro de Phoenix para fisioterapia y terapia ocupacional, y terapia del lenguaje por cuatro a seis horas todos los días. Luego un transporte local lo lleva a su hogar y un enfermero de relevo le prepara la cena y lo alista para el día siguiente. Mi esposa llega en la tarde y pasa la noche. Alguien siempre está con él. Ese es el cuidado que necesita ahora.

P: ¿Cuáles son las perspectivas de Cory?

R: Mi hijo está luchando como un endemoniado por ser independiente. Quiere su vida o lo que sea posible de ella y no quiere que estemos todo el tiempo ahí. Lo apoyamos, siempre y cuando no sea algo en lo cual podría resultar herido. Todos estos pequeños pasos culminaron en el joven que viste en el discurso del Estado de la Unión, quien casi puede ponerse de pie por sí mismo. Está dando pasos con una muleta. Ahora puede pedalear 18 millas en una bicicleta reclinada. Eso es un milagro.

P: ¿Cómo cambió tu perspectiva de la vida el hecho de cuidar de tu hijo?

R: Aprendí a valorar lo que llamaría cosas sencillas, como el desayuno con la esposa y la familia. Hago caminatas. Lo absorbo todo un poco más porque casi lo perdemos. Es así de sencillo.

P: Es importante que los cuidadores aprendan cómo aceptar ayuda también, ¿no es cierto?

R: Antes que nada, tienes que cuidarte a ti mismo. Uno puede abrumarse demasiado rápido. No tienes que hacerlo solo. Encuentra ese sistema de apoyo. Podría ser alguien con quien puedas hablar. Festeja los momentos en los que algo mejora… Se lesionó bastante, pero por cierto, hoy movió un dedo y eso lo festejas. Haces mucho alarde de eso y sigues apoyándolo. Lo que he aprendido en la vida es que es muy importante el apoyo que das.

P: ¿Crees que para lograr buenos resultados al cuidar de alguien también tienes que dejar que otros te cuiden?

R: Sin duda. No puedes hacerlo solo y tienes que ser lo suficientemente fuerte para entender y darte cuenta de eso, y bajar tus trincheras. Creí que era un tipo bastante fuerte, pero a fin de cuentas, necesité ayuda.

P: Pareces estar muy agradecido.

R: Al final de cuentas, mi esposa y yo somos afortunados. Nuestro hijo regresó.

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