El padre del sargento Cory Remsburg habla del cuidado de su hijo

Craig Remsburg: “Creí que era un tipo bastante fuerte, pero necesitaba ayuda”.

P: ¿Qué otro apoyo tuviste?

R: Como ranger del ejército, Cory era parte del comando de fuerzas especiales, las cuales tenían un programa llamado Care Coalition que asignaba defensores de derechos a Cory y la familia. Nos visitaban todos los días para ver cómo estábamos, qué podían hacer para ayudar, qué necesidades había. Entre ellos y nuestra familia, y la gente en Tampa que nos tendió la mano, teníamos un sistema de apoyo muy fuerte.

P: ¿También hubo momentos alegres?

R: Claro que sí. Fue cuando Cory abría un ojo, movía una pierna, movía un brazo, nos seguía con la vista por el cuarto y luego cuando sabía qué hacer con un peine y un vaso. Fueron esos pequeños tesoros de cosas que pasaban los que nos siguieron alentando. Luego fue: “¿Sabes qué? Estamos de buena racha. Mantengámosla”. Después de ocho meses, pudo mascullar la primera palabra. La explosión le había reventado las cuerdas vocales.

P: Tuvo que ayudar mucho el que él estuviera respondiendo.

R: Cory estaba bastante mal, pero él se levantaba cada mañana, lo afeitaban y se esforzaba. Hizo que fuera fácil para nosotros ser cuidadores al demostrar su actitud positiva. Eso nos animó. Sentí que si él lo estaba dando, yo lo iba a dar.

P: ¿Cómo son tus días ahora? Obviamente estás trabajando, ¿pero qué pasa con los cuidados?

R: Cory tiene su propia casa a una milla de nosotros en Phoenix, y la conseguimos solo para ayudar a mantener su psiquis. Él se levanta a las 6:30 cada mañana, se refresca, hace sus cosas, come el desayuno y está en camino antes de las 7:30 a.m. De lunes a viernes, va a un establecimiento privado de rehabilitación en el centro de Phoenix para fisioterapia y terapia ocupacional, y terapia del lenguaje por cuatro a seis horas todos los días. Luego un transporte local lo lleva a su hogar y un enfermero de relevo le prepara la cena y lo alista para el día siguiente. Mi esposa llega en la tarde y pasa la noche. Alguien siempre está con él. Ese es el cuidado que necesita ahora.

P: ¿Cuáles son las perspectivas de Cory?

R: Mi hijo está luchando como un endemoniado por ser independiente. Quiere su vida o lo que sea posible de ella y no quiere que estemos todo el tiempo ahí. Lo apoyamos, siempre y cuando no sea algo en lo cual podría resultar herido. Todos estos pequeños pasos culminaron en el joven que viste en el discurso del Estado de la Unión, quien casi puede ponerse de pie por sí mismo. Está dando pasos con una muleta. Ahora puede pedalear 18 millas en una bicicleta reclinada. Eso es un milagro.

P: ¿Cómo cambió tu perspectiva de la vida el hecho de cuidar de tu hijo?

R: Aprendí a valorar lo que llamaría cosas sencillas, como el desayuno con la esposa y la familia. Hago caminatas. Lo absorbo todo un poco más porque casi lo perdemos. Es así de sencillo.

P: Es importante que los cuidadores aprendan cómo aceptar ayuda también, ¿no es cierto?

R: Antes que nada, tienes que cuidarte a ti mismo. Uno puede abrumarse demasiado rápido. No tienes que hacerlo solo. Encuentra ese sistema de apoyo. Podría ser alguien con quien puedas hablar. Festeja los momentos en los que algo mejora… Se lesionó bastante, pero por cierto, hoy movió un dedo y eso lo festejas. Haces mucho alarde de eso y sigues apoyándolo. Lo que he aprendido en la vida es que es muy importante el apoyo que das.

P: ¿Crees que para lograr buenos resultados al cuidar de alguien también tienes que dejar que otros te cuiden?

R: Sin duda. No puedes hacerlo solo y tienes que ser lo suficientemente fuerte para entender y darte cuenta de eso, y bajar tus trincheras. Creí que era un tipo bastante fuerte, pero a fin de cuentas, necesité ayuda.

P: Pareces estar muy agradecido.

R: Al final de cuentas, mi esposa y yo somos afortunados. Nuestro hijo regresó.

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