- Recuerde que cualquier persona que forme parte de nuestras familias o comunidad —hermanos o primos mayores, familiares cercanos y lejanos o amistades íntimas, hombres o mujeres de todas las razas y niveles socioeconómicos— puede ser un agresor sexual o pedófilo. También tenga en cuenta que menores de todas las edades pueden ser víctimas del abuso sexual, hasta los bebés o adolescentes fuertes.
- Los casos de abuso sexual tienen en común que las víctimas casi siempre conocen a la persona que abusó de ellos. Según los expertos, la mayoría de estos pedófilos son personas adultas en las que confían nuestros hijos. Conozca a los adultos que participan de alguna forma en sus vidas y observe las relaciones que se dan entre ellos. Si usted se da cuenta de que el niño se siente incómodo o inseguro cerca de algún adulto, puede ser una señal de alerta.
- Hable detalladamente con los chicos sobre el comportamiento sexual adecuado. Cerciórese de que sepan decir "no" si alguien desea tocarlos indebidamente. Enséñeles cómo obtener ayuda si alguien los hace sentir incómodos, los asustan o los tocan de manera impropia. Comience estas conversaciones a una edad muy temprana y repítalas frecuentemente; adapte el vocabulario y nivel de detalles según la edad. Cuanto más cómodos se sienten nuestros hijos de hablar de temas sexuales, por lo general también se sienten seguros de confiarnos cualquier detalle que pueda parecer un abuso.
Las señales del abuso sexual
El abuso sexual generalmente se descubre cuando la víctima informa sobre el abuso; alguien presencia el abuso u observa alguna conducta sospechosa que da lugar a una investigación; o cuando un menor contrae una enfermedad de transmisión sexual o queda embarazada (en el caso de ser mujer). Recuerde que las señales de abuso pueden variar según la edad del menor.
Esté atento a:
- Los cambios en el comportamiento, como llorar excesivamente o más que de costumbre, temor a ciertas personas o lugares, retroceso en el comportamiento (como por ejemplo chuparse el dedo, sentir ansiedad ante desconocidos, conducta agresiva o dominante, no querer cooperar), comportarse como si fuera mayor de lo que es, depresión y retraimiento, pesadillas, sentimientos de vergüenza o culpabilidad, sobreprotección de los hermanos, escaparse de la casa o problemas escolares.
- Los problemas de salud, como los vómitos, problemas intestinales, mojar la cama, trastornos del sueño, consumo de drogas u otras sustancias, desórdenes alimenticios, lavarse demasiado, dolores de cabeza o de estómago crónicos.
- Las cuestiones sexuales. Los pedófilos con frecuencia preparan a sus víctimas a través de relaciones cotidianas que entablan con las víctimas, quienes se asustan debido al nivel de control que se ejerce sobre ellos. Los asusta tanto que no se atreven a decírselo a nadie. Dentro de todo lo que podemos hacer para proteger a los niños que amamos, lo más importante es ser abierto y consciente, escuchar y asegurarnos de que ellos se sienten seguros al hablar con nosotros de cuestiones sexuales o para informarnos del abuso. Si usted sospecha que alguien está abusando de un menor en su familia, solicite inmediatamente una evaluación médica y psicológica del niño e informe a las autoridades sobre el abuso.
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