3. Ojalá hubiera tenido valor para expresar mis sentimientos. La mayoría de mis pacientes decía haber reprimido sus sentimientos con el fin de llevarse bien con los demás. Como resultado de ello, se sometieron a una existencia mediocre y nunca llegaron a ser quienes verdaderamente hubieran sido capaces de ser. La mayoría desarrolló enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que les generó esa decisión.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Cuando uno deja de actuar como solía hacerlo y comienza a comportarse y expresarse tal cual es y siente verdaderamente, alguien podría interpretar que uno cambió su forma de ser, y podría reaccionar como consecuencia de ese cambio. Esto puede llevar esa relación a un nuevo nivel, mucho más sano, o debilitarla hasta terminar con ella. Cualquiera que sea el caso, uno termina ganando.
4. Ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos. Mis pacientes, normalmente, no tomaban conciencia de los beneficios que tiene el poder contar con las viejas amistades, sino hasta sus últimas semanas de vida y, para entonces, no siempre era posible ubicar viejos amigos. La mayoría de mis pacientes había quedado tan atrapada en el laberinto de su propia vida que dejó que se desvanecieran en el tiempo valiosas amistades. Se observaba un profundo remordimiento de su parte por no haber dedicado a las amistades el tiempo y el esfuerzo que se merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando se están muriendo.
Es común que cualquiera que tenga una vida muy agitada, sin tiempo “palpable” para dedicar a los amigos, deje desvanecer la amistad. Pero cuando hay que afrontar la proximidad de la propia muerte, los detalles físicos de la vida pasan a segundo plano. La gente quiere poner sus asuntos financieros en orden en la medida que sea posible. Pero para ellos no es importante ni el dinero ni su situación. Quieren poner las cosas en orden por el propio beneficio de sus seres queridos. Sin embargo, por lo general, están demasiado enfermos y cansados para hacerse cargo de esta tarea. Al final, todo se reduce al amor y a las relaciones con otros. Eso es todo lo que importa en las últimas semanas: el amor y las relaciones.
5. Ojalá me hubiera permitido ser más feliz. Este es un sentimiento sorprendentemente común. La mayoría no se había percatado de que la felicidad era una decisión personal, un estado mental, sino hasta que había llegado el final de su propia existencia. Quedaron aferrados a viejas pautas y hábitos. La denominada “comodidad” de lo que es familiar inundó sus emociones y su vida física. El temor al cambio los llevó a simular, ante los demás y ante ellos mismos, que eran felices, cuando en el fondo, lo que deseaban era volver a reír y disfrutar de las cosas simples de la vida.
Cuando alguien está en su lecho de muerte, no ocupa su mente en lo que los demás piensen de uno. Qué maravilloso poder dejar esas cosas de lado y volver a sonreír, pero mucho antes de estar cerca de la muerte.
La vida es una elección. Es su vida. Elija a conciencia, elija sabiamente y con sinceridad. Elija la felicidad.
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