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Dos miradas retrospectivas

Disyuntivas de las madres

Ahora que sus hijos son mayores, dos madres reflexionan sobre el camino que escogieron y dicen no haberse arrepentido de nada.

Una madre alzando a su bebe en un corredor

— Matthew Scott

"Me dediqué a mi hogar"

Antes de tener hijos, todo apuntaba a que seguiría trabajando después de que nacieran.  El movimiento feminista estaba en plena floración. Mi propia madre había trabajado, administrando el bufete de mi padre, y ambos nos alentaron a mí y a mis tres hermanas a seguir una carrera. Me casé a los 21 años, y mi esposo y yo acordamos esperar a que pudiéramos comprar una casa antes de tener familia. Mi trabajo en relaciones públicas era divertido.

Entonces, ¿por qué, justo antes de cumplir 30 años y dar a luz mi primer hijo, decidí dedicarme a mi casa y dejar mi carrera en segundo plano?

Las razones van desde las filosóficas hasta las prácticas. Desde el momento en que la prueba del embarazo resultó positiva, mi esposo y yo nos convertimos en padres profesionales. Comenzamos a leer libros de los gurús T. Berry Brazelton y Penelope Leach y llegamos a la conclusión de que un bebé necesita no sólo tiempo de calidad sino cantidad de tiempo. Esto no iba a suceder si contrataba a una niñera y viajaba de ida y vuelta a mi trabajo cinco días a la semana. Había trabajado desde que tenía 16 años y mi razonamiento era que siempre podría conseguir un empleo, pero la infancia es una oferta única. Soñaba con crear un hogar tranquilo, lleno de cariño, con paseos a la biblioteca y al parque. 

Mi esposo tenía un trabajo exigente y acordamos que él sería el sostén económico y yo llevaría el control del hogar, lo que nos permitiría pasar el fin de semana disfrutando de la familia, no haciendo mandados. 

Nos acostumbramos a esa rutina y celebramos el nacimiento de otro hijo varón. Pagamos el precio económicamente: nada de comer fuera, nada de fondo de ahorros para la universidad, nada de vacaciones en avión o en automóvil. En su lugar, muebles de segunda mano, vacaciones con mis suegros y una cocina de los años 50 decorada con Formica moteada de rojo. La cocina no era lo único rojo; nuestro presupuesto también lo era. Sí, me molestaba cuando veía a mis amigas y a mis propias hermanas con carreras provechosas, vacaciones caras y casas renovadas. Sentía un poco de envidia cuando veía a mi vecina, la aeromoza, en su elegante uniforme dirigirse a París y a las mamás ejecutivas encaminarse, bien vestidas, a la ciudad. Pero establecí lazos afectivos con otras madres "caseras" del barrio y pasábamos las tardes vigilando a nuestros hijos en sus triciclos. Los fines de semana, los pasamos en familia en vez de corretear tratando de ponernos al día en los quehaceres. Creamos recuerdos de los que mis hijos aún hablan.

¿Mi carrera? Mi sueño era ser Brenda Starr, periodista estrella, y un mes antes de que mi hijo naciera obtuve una maestría en periodismo. Pero Brenda Starr es un trabajo de tiempo completo, y eso no era lo que yo quería. A medida que crecían mis hijos, me di cuenta de que ser ama de casa no significaba que tenía que estar en casa en todo momento. Así que empecé a enseñar un curso de periodismo cada semestre, sólo un par de horas a la semana. Entre el transporte y la niñera, perdí dinero en el asunto. Pero esto me permitió mantener contacto con el mundo profesional mientras me dedicaba en el hogar a los niños.

Es verdad que a veces sentía —al oír a mis amistades o a los medios de comunicación— que mi decisión había sido políticamente incorrecta. Durante aquellos años, cuando me presentaban a alguien, la inevitable pregunta era: "¿A qué te dedicas?" Mi respuesta, "A mis hijos", a menudo suscitaba una mirada perpleja u otra pregunta: "¿Cuándo vuelves al trabajo?"

Sí, volví a un trabajo más exigente cuando mis hijos estaban en secundaria. No sería la carrera de alto vuelo que pudiera haber desarrollado, pero gané los suficiente para renovar la cocina y ayudar a pagarles la universidad. Espero seguir trabajando a tiempo completo más allá de los 70 años, en parte para compensar por el dinero que dejé de ganar y en parte porque me gusta mi trabajo.

No me arrepiento de nada. Hace poco, daba un paseo matinal cuando vi a una madre de unos 30 años, algo agobiada, montando en una camioneta a sus dos hijos pequeños, junto con el equipo correspondiente, para llevarlos a un campamento de béisbol de verano. Recordé aquellos días. Sé que incluyeron una buena dosis de frustración, agotamiento y tedio, pero sólo lo agradable permanece.

"Disfrútalos", le dije. "Se van demasiado rápido".

Mary Quigley es autora del popular blog Mothering21.com, sobre la vida con hijos mayores de edad.

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