A los hijos les es posible tocar base con sus progenitores por teléfono móvil a la vez que cruzan el campus entre clases o intercambiar mensajes de texto cuando están aburridos en clase o distraídos en un trabajo de oficina. Los padres pueden seguirlos en Facebook —si se lo permiten, otorgándoles la condición de "amigos" en esa red— o leer sus blogs desde el otro lado del mundo. Sin duda toda esta comunicación ha contribuido al acercamiento de las generaciones.
Pero también tiene sus escollos. Las herramientas digitales que nos conectan también nos pueden constreñir. Los correos que envían los padres, por muy buenos consejos que contengan, les permiten estar constantemente en la vida de los hijos adultos. Las peticiones que los hijos mandan por mensaje de texto pueden significar que estos aún no resuelven los problemas por su cuenta. Merodear en Facebook puede proporcionarles a los padres más información de la que necesitan (por ejemplo, fotos de esa escandalosa fiesta el sábado que ya para el lunes el joven juerguista preferiría olvidar). El blog de un joven, escrito de prisa o para divertir a amigos, puede suscitar preocupaciones excesivas en los padres.
¿Es la red una bendición, una maldición o una combinación de ambas cosas? Los siguientes consejos puede que lo ayuden a aprovechar al máximo los contactos digitales con los adultos emergentes y a la vez esquivar los baches.
1. Déjese guiar por el desarrollo de su hijo. El lugar donde se encuentre el joven en su camino hacia la independencia afecta su necesidad de tender la mano a sus padres. En la etapa del despegue, los hijos de edad universitaria todavía suelen pedir consejos a sus padres: qué asignaturas debe tomar, cómo se abre una cuenta de banco, cómo resolver un problema con el compañero de cuarto.
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