Todos esos eran aspectos importantes, pero ¿qué fue lo que les gustó más a mis padres? Pues claro, el que satisfacía las necesidades de Jackson. Después de todo, él también es parte de la familia. El centro que seleccionaron pondría una cerca alrededor del patio para Jackson, y el terreno de 19 acres, con césped y árboles, era perfecto para pasear al perro en el soleado Phoenix.
La pena que no se expresa
Una mudanza es uno de los momentos más difíciles en la vida de una familia, y este tipo de cambio puede provocar resentimientos, discusiones y divisiones, aun en las familias más unidas. La mía no es la excepción. Somos sólo seres humanos, que hacemos lo mejor que podemos. Todo lo que podíamos hacer era enviarnos correos electrónicos, reunirnos en teleconferencias y tener fe en lo que hacíamos, que era lo indicado en el momento indicado.
Aunque no es buena idea forzar la decisión, hubo un sentido de alivio una vez que se la tomó. Era hora de pasar a otros asuntos e invertir las energías en tareas prácticas, como vaciar los clósets, escoger los colores de pintura y colocar la cerca de Jackson.
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