No son años tan dorados
En lugar de vivir la jubilación que soñaron, los hijos adultos se sienten responsables por una generación más. El resentimiento por esto puede deteriorar las relaciones, aunque los hijos adultos nunca les expresen sus frustraciones a los padres. Y a diferencia de lo que ocurre cuando se cría a un hijo, prestar cuidados a un adulto mayor puede ofrecer pocas satisfacciones. El padre de Jacqueline Marcell se volvió verdaderamente desagradable a medida que envejecía, y en sus últimos años la castigó con sus críticas amargas y el abuso verbal.
"Uno se pone furioso de tener que soportar esto", dice Marcell, autora de Elder Rage (La furia de los mayores). "Uno experimenta un torbellino de emociones. Quería a mi padre, lo odiaba, quería que viviera, quería que muriera, quería matarlo, quería salvarlo. Y luego, la culpabilidad por pensar '¿Por qué sencillamente no puede tener un ataque al corazón e irse?' Y luego nos preguntamos, 'Oh Dios mío, ¿cómo pude pensar eso?'"
Estas son emociones normales, dice Marcell, y es inevitable que influyan en la relación. Y si hay alguien que percibe nuestras emociones ocultas, son los padres.
Pero el conflicto no siempre es negativo, dice Silverstein. En realidad, puede acercar a la gente. Si bien es cierto que en el estudio los estadounidenses tenían más probabilidades de informar sobre relaciones difíciles entre las generaciones, más de la mitad de los entrevistados calificaron sus relaciones como ''amigables'', es decir, que había cercanía entre los padres y los hijos adultos, que se llevaban y se comunicaban bien.
"Tal vez los conflictos y las emociones humanas pudieran servir para resolver problemas", dice Silverstein. "El conflicto es una forma de expresar opiniones diferentes, de hablar sobre los problemas y posiblemente de resolverlos".
Cuando Shari Bruce, de 49 años, y de Bethel Park, Pensilvania, le pidió a su madre que se mudara con ella y su familia, la tensión deterioró las relaciones en toda la casa: entre Bruce y su mamá, entre Bruce y su esposo y entre su esposo y su madre.
La madre de Bruce, entonces de 83 años y con demencia senil, se quejaba de la pérdida de su independencia y no se sentía bien al vivir en una casa que no era la suya. Bruce oía a su madre a las dos de la madrugada en la cocina, y se quedaba despierta, preguntándose: ''¿Debo ir a verla? ¿Necesita ayuda? ¿Se enfadará conmigo si voy?" El estrés y el agotamiento se hicieron insoportables. Las tensiones alcanzaron su punto culminante hace casi un año cuando su madre se rompió la cadera.
Dijo, "no puedo seguir haciendo esto; tienes que buscarme otro lugar para vivir. Esto no está funcionando", dice Bruce.
Aunque fue difícil para ella dejar de cuidar a su madre a diario, mudarla a un hogar para el cuidado de adultos mayores fue la mejor desición.
"Ahora que todo eso quedó atrás y sé que está muy bien cuidada", dice Bruce, "nos llevamos mucho mejor".
¿Qué debo hacer?
Para superar esos tiempos difíciles sin sacrificar la relación, Marcell recomienda que los prestadores de cuidados se perdonen por las emociones que están sintiendo, porque son completamente normales. Acepte la realidad de que usted no puede hacerlo todo, y busque ayuda. El cuidado diario de los adultos por profesionales puede ser una forma de conservar la salud mental, dice, para ambas generaciones.
"Un descanso le permitirá recargar sus baterías", dice Marcell. "Necesita tener tiempo para usted".
Cynthia Ramnarace escribe acerca de la salud y las familias. Vive en Rockaway Beach, New York.
Subscríbase gratis al Boletín Informativo de AARP para recibir artículos de interés. Vea una muestra »
- « Anterior
- 1
- 2
- 3
- 4









¿Qué opina?
Deje su comentario en el campo de abajo.
Debe registrarse para comentar.
Ingrese | InscríbaseMore comments »