Muchos empleados se encuentran en esa situación, la de cuidar a adultos mayores; sin embargo, aquellos con conflictos entre el trabajo y la familia frecuentemente se resisten a abordar el tema con sus jefes. Temen que piensen que no están suficientemente comprometidos o que recibirán una evaluación desfavorable a fines de año. Puede ser que también piensen que es poco profesional hablar de sus vidas personales, o perciban resentimiento por parte de sus colegas y del jefe, al posiblemente tener ellos que hacer su trabajo en su ausencia.
Deborah Smith, de 55 años de edad, empleada del gobierno federal en Carolina del Norte, es la cuidadora a larga distancia las 24 horas, 7 días a la semana, de su amiga Donna, que vive en Florida, quien no tiene familia y padece de demencia. Smith visita a Donna cada cuatro a seis semanas pero evita hablar de ella en su trabajo porque "temo que no me asciendan o seleccionen para recibir capacitación que mejore mi carrera", dice ella. "Temo que me despidan si aparento estar muy distraída".
Aún cuando los empleados explican su situación, los jefes y compañeros más jóvenes o sin padres pueden no entender sus circunstancias.
"En vez de decirse a sí mismos 'admiro a esta persona porque tiene el valor de faltar al trabajo como manera de enfrentarse a la situación', los compañeros y gerentes piensan '¿cómo se atreven a irse? ¿por qué no emplean a otra persona?'" dice Sarah Bullard Steck, una trabajadora social con consulta privada en Washington, D. C., y exdirectora de un programa de ayuda para empleados sobre asuntos relacionados con el cuidado de adultos mayores.
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